Para unos, la Iglesia decidió bajar la confrontación con el gobierno al suspender la misa crismal que, hoy, debía ofrecer monseñor Antonio Baseotto en Stella Maris. Tanto que fue el nuncio Adriano Bernardini quien realizó la gestión para disuadirlo, a pedido del gobierno. Para otros, la Iglesia tomó esa determinación para cederle tiempo al gobierno y aguardar algún tipo de rectificación a su último decreto (anulación del acuerdo entre la Argentina y la Santa Sede específico para designar a Baseotto como vicario castrense y suspenderle el salario). En rigor, la relación entre las partes se encuentra en un mal momento y en un marco internacional donde el Vaticano es principal protagonista en la defensa de la vida. Al contrario del deseo de Tony Blair, que no tiene un opinativo inoportuno como Ginés González García, la cuestión del aborto fue instalada en vísperas de las elecciones británicas por el obispo anglicano de Canterbury, mientras George Bush en los Estados Unidos se ha involucrado en el espinoso tema de la eutanasia, ante un juez que admitió retirar las sondas a una mujer en estado vegetativo desde 1990. Desde Roma pende una nueva carta respondiendo a la última medida de Néstor Kirchner. Nadie la imagina simpática: hoy, los obispos locales como los del Vaticano parecen indignados con lo que consideran un doble mensaje del gobierno, por un lado con un decreto que suprime a Baseotto y, por el otro, con el canciller Rafael Bielsa afirmando que nadie le bloquea las puertas al vicario para que ofrezca misa. Ahora el Vaticano espera una modificación al decreto o una medida conciliadora -lo que, obviamente, parece bastante difícil conociendo la personalidad del Presidente- al tiempo que no se baja de su solidaridad con Baseotto, defensor según ellos de la «sana doctrina», por más que consideren inapropiadas algunas de sus últimas expresiones. Esta posición inclaudicable se inscribe en la misma línea que ahora la Iglesia afirma en los Estados Unidos y Gran Bretaña, lugares donde la batalla por la preservación de toda forma de vida es bastante más sustancial que la que se desató en la Argentina, donde no se discute el fondo sino las formas a partir de declaraciones imprudentes. La misa suspendida hoy es un gesto gratificante de la Iglesia, pero descuenta correlación. Por si todo esto fuera poco, la Iglesia argentina se enfrenta en las librerías con un libro en su contra del asesor y manipulador de fondos públicos del gobierno, Horacio Verbitsky. Este hombre de izquierda apunta contra el cardenal primado de la Argentina, Jorge Bergoglio, algo que dentro de sus incongruencias lo pone junto al vicario castrense, Antonio Baseotto, que está internamente contra Bergoglio.
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