28 de mayo 2002 - 00:00

Elogio de Chiche Duhalde a Bergoglio

Hilda Chiche González de Duhalde tuvo palabras emotivas para adherir a la homilía que pronunció el cardenal Jorge Bergoglio durante el tedéum del 25 de Mayo. «Siempre me parece fantástico su pensamiento, pero esta vez quedé especialmente interesada porque dijo que la responsabilidad es de todos nosotros, inclusive de ustedes los periodistas», señaló la primera dama durante el programa «Hora clave», de Mariano Grondona. «Yo iba con un poco de miedo, porque siempre critica a la dirigencia política, pero me pareció muy bueno que hablara de todos, con la claridad con que habló», elogió Chiche Duhalde.

Durante su homilía en la Catedral porteña, Bergoglio afirmó que «el peligro de la disolución nacional está a nuestras puertas»; advirtió que «una sorda guerra se está librando en nuestras calles, la peor de todas», y denunció la «exclusión de 20 millones de hermanos con hambre y la dignidad pisoteada». Vicepresidente de la Conferencia Episcopal, Bergoglio pronunció una de las más duras advertencias que la Iglesia Católica Romana haya formulado en los últimos tiempos.

El prelado pidió que «abramos los ojos a tiempo: una sorda guerra se está librando en nuestras calles, la peor de todas, la de los enemigos que conviven y no se ven entre sí, pues sus intereses se entrecruzan manejados por sórdidas organizaciones delincuenciales y sólo Dios sabe qué más».

Hacia el final de su mensaje, Bergoglio afirmó: «Sabemos bien que este pueblo podrá aceptar humillaciones, pero no la mentira de ser juzgado culpable por no reconocer la exclusión de veinte millones de hermanos con hambre y con la dignidad pisoteada».

•Triste pacto

El Cardenal Primado consideró que «en esta tierra bendita, nuestras culpas parecen haber achatado nuestras miradas», y denunció que «un triste pacto interior se ha fraguado en el corazón de muchos de los destinados a defender nuestros intereses, con consecuencias estremecedoras». Y agregó: «La culpa de sus trampas acucia con su herida y, en vez de pedir la cura, persisten y se refugian en la acumulación de poder, en el reforzamiento de los hilos de una telaraña que impide ver la realidad cada vez más dolorosa», graficó el purpurado.

Bergoglio
se refirió también a «otra vieja enfermedad del corazón: la incapacidad de sentir culpa», y afirmó que «los ambiciosos escaladores, que tras sus diplomas internacionales y su lenguaje técnico, por lo demás tan fácilmente intercambiable, disfrazan sus saberes precarios y su casi inexistente humanidad».

El arzobispo de Buenos Aires se preguntó: «¿Hemos vivido suficiente dolor para decidirnos a romper viejos esquemas, renunciar a actitudes necias tan arraigadas y dar rienda suelta a nuestras verdaderas potencialidades?». «¿No estamos ante la oportunidad histórica de revisar antiguos y arraigados males que nunca terminamos de plantear, y trabajar juntos? ¿Hace falta que más sangre corra al río, para que nuestro orgullo herido y fracasado reconozca su derrota?», cuestionó.

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