4 de septiembre 2007 - 00:00

En su laberinto

Nadie imaginaba hace tres meses, cuando el futuro estaba blindado para el kirchnerismo, que se nublaría el curso de los acontecimientos con tanta velocidad. El seguidismo familiar era un plazo fijo -ni siquiera Néstor Kirchner consideró que él disponía de más adhesiones a la reelección que su esposa-, tan seguro de cobrar en el banco que hasta los opositores posibles, medrosos, se negaban a un paso tan intrépido como salir a la puerta de su propia casa. Nadie consideró un cambio climático, en la volatilidad de la actividad, a pesar inclusive de que algunos ecologistas de la política advirtieron sobre la corrupción del ambiente. Ahora, con los resultados electorales del domingo en Santa Fe y en Córdoba, dos distritos clave en el país, los retiros espirituales en El Calafate del mínimo grupo que gobierna se deberán repetir con más asiduidad: nada de lo que en la vanagloria se planeaba parece cumplirse. Y con un adicional: no ven la luz al mediodía, pues se ufanaban de creer que Rafael Bielsa podía ganar en Santa Fe -en su tierra, Rosario, pese a que su hermana es vicegobernadora, perdió por 30 puntos-, y en Córdoba renegaron de la alternativa de Luis Juez (quien rogaba por el padrinazgo presidencial) hasta apartarlo a la categoría Primera B (y, luego, apenas si le ganaron por un controvertido punto). Se sometieron en el primer caso a un anestesiólogo en todo el sentido de la palabra (Hermes Binner), con manifiesta vocación socialista -pero que se presentó en una liga con comunistas y neoconservadores- y en Córdoba raspando se escurrieron de caer ante un cómico de Hortensia más que un político. Napoleón nunca perdió tantas batallas.

Antes de las contiendas de ayer habían pasado 10 elecciones provinciales. Y Kirchner puro (Frente para la Victoria) sólo ganó una (Tucumán). En otras 4 (Entre Ríos, Catamarca, La Rioja y San Juan) acompañó el triunfo con sociedades de cualquier pelaje mientras fue derrotado en el resto. También cayó 6 puntos en todo el país, en promedio, con relación a los comicios de 2003. Sólo aritmética. Y en ese rojo del balance oficial, se ocultan además pésimas inversiones con transversales, piqueteros, frente propio, jóvenes K. Con otro agravante: lo que no registran las encuestas a las cuales el gobierno se entrega con unción es una conducta espiritual del electorado, creciente, repentina quizá, de oposición al oficialismo. Que se expresa más por el castigo que por el premio (máxima prueba: Santa Cruz, la provincia más beneficiada con obras públicas, una favorita del poder, casi no permite que el Presidente vuelva a su hogar).

Al original criterio colectivo de que el kirchnerismo se repetiría en nuevo mandato con otro rostro se sumaba otro concepto generalizado: nadie lo enfrentaba (al menos, con suficiente carisma o atractivo). Si una idea ahora naufraga, la otra parece persistir inmodificable. De cualquier modo, el 28 de octubre se vota y la gente, entonces, lo hará de acuerdo con una tendencia ( expresada también por la baja asistencia al cuarto oscuro). Aun careciendo de ídolos, preferidos o caudillos. Tampoco debe ser una buena noticia en la Casa Rosada la alta proporción de corte de boletas en las elecciones del domingo: si ese proceso se advierte en la provincia de Buenos Aires, tal vez la aspiración presidencial de la primera dama pueda tener un disgusto. Ya, ahora, se sabe que la intención de voto por Daniel Scioli no es mecánica con la de Cristina de Kirchner.

A dos meses del desenlace, estallando más de una alarma, Kirchner ingresa a un complejo laberinto. No debiera ignorar que faltó competencia para enfrentar determinados problemas y que ciertos episodios, de naturaleza africana, despintan hasta el mejor brochazo de Miguel Angel: no es común encontrar sobres con dinero en el baño de una ministra, que un enlace entre dos países intente contrabandear 800 mil dólares en una valija o que un hombre de confianza, presuntamente dotado (ex senador, ex diputado, ex ministro, Daniel Varizat), embista con locura asesina a 24 personas. Por no hablar de otros caprichos, como negar la falta de energía (o pagar en exceso para que no se note) o el abuso inflacionario de los últimos 45 días. La tergiversación de los índices en el INDEC -condecoración que se autoimpone el gobierno- produjo tanta desconfianza en los números oficiales que hasta el más gandul puede sospechar, como asegura Juez, que en Córdoba hubo fraude.

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