Encabeza Das Neves, hombre de Kirchner, ofensiva para voltear a Alberto Fernández

Política

Redobló el hiperkirchnerista Mario Das Neves sus críticas al gobierno por el mal manejo de la crisis del campo. El gobernador de Chubut, que hasta ahora manifestaba obediencia debida al matrimonio presidencial, lanzó una andanada contra Alberto Fernández, de quien llegó a pedir una renuncia. ¿Es sólo bronca personal o replica críticas al máximo funcionario del gabinete por cómo se manejó el gobierno frente al sector? Inquietante, como el clamor que parece encabezar este chubutense entre los gobernadores para que se comience a discutir el reparto de los impuestos entre la Nación y provincias. Algo que es tabú para el kirchnerismo pero cuya reaparición como debate señala que siguen cambiando las cosas en la Argentina.

Como virtual punta de iceberg de un malestar que se generaliza en la tropa de gobernadores justicialistas, Mario Das Neves volvió a cuestionar ayer al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, por su desempeño en la pelea de la Casa Rosada con el sector agropecuario. El mandatario de Chubut sugirió, incluso, que el funcionario debería irse del gobierno porque hace una «ostentación del poder que nadie le delegó». «Si a mí un ministro me hace lo que hace ese señor yo lo hubiera echado», cargó Das Neves.

La reacción incluyó, además, un nuevo llamado de atención a Cristina de Kirchner para que convoque a los gobernadores a discutir los problemas y las necesidades de cada distrito, «sin interlocutores que finalmente terminan desbordados».

Al mismo argumento apeló ayer el ex gobernador y actual diputado provincial de Entre Ríos, Jorge Busti, quien le envió una carta al ex presidente Néstor Kirchner con sugerencias para salir de la crisis y advirtiéndole sobre la necesidad de que los gobernadores participen en la toma de decisiones.

La semana pasada, en el peor momento del paro del campo, Das Neves había cargado -aunque sin nombrarlo- contra Fernández al calificarlo como «un ministro nacional que cree que a la gente hay que llevarla por delante». También amagó con no ir al acto de Plaza de Mayo el martes pasado, lo que le costó tener que escuchar durante más de media hora -vía telefónica- la retórica de Kirchner sugiriéndole que no era ese, precisamente, el momento de discutir si ir o no ir a la «plaza del sí».

Superado, aún no en forma definitiva, el conflicto con el agro, las grietas en la relación entre la Casa Rosada y algunos gobernadores kirchneristasparece haberse acentuado, dejando al descubierto quizá la crisis política más importante que enfrenta la gestión Kirchner.

Lo que inicialmente se entendía en un universo de particularidades, como la verborragia opositora del puntano Alberto Rodríguez Saá, o la incómoda situación del mendocino Celso Jaque, ahora puede leerse como una incipiente rebelión provincial dispuesta a cuestionar una política cerrada, donde todo se decide en un grupo reducido que -denuncian- no consulta a los caudillos territoriales.

  • Análisis

    «Kirchner era más respetuoso de la opinión de los gobernadores, y ahora es Alberto Fernández el interlocutor de este gobierno, que no acepta reunirnos para debatir en un ámbito de diálogo los problemas, por ejemplo, de financiamiento que estamos teniendo en las provincias», analizó un influyente ministro del gobierno peronista del pampeano Oscar Jorge, otro de los ausentes en el acto de la plaza junto con el cordobés Juan Schiaretti.

    Precisamente, Jorge mantuvoen los últimos días contactos con Das Neves, a quien le transmitió la preocupación de esa provincia por la falta de un canal abierto de diálogo con la Casa Rosada.

    El creciente malestar suma a otros incondicionales del gobierno. «Das Neves habla muy seguido del tema con Daniel Scioli, Celso Jaque, Juan Schiaretti, Oscar Jorge, José Luis Gioja y hasta el salteño (Juan Manuel) Urtubey», reveló un estrecho colaborador del gobernador de Chubut en diálogo con este diario. «Pero el único que despuntó en la crítica abierta es Das Neves, porque el resto no se anima a cruzar públicamente al gobierno», amplió.

  • Alerta

    Ese cortocircuito ya enciende señales de alerta. Por ejemplo, ayer el sanjuanino José Luis Gioja, reclamó tanto a la oposición como a los dirigentes del propio oficialismo que «hagan públicos» sus reclamos para actualizar el mecanismo del reparto de fondos entre la Nación y las provincias.

    «Si lo hacen por abajo son unos maricones porque aquí todo el mundo puede hablar, puede opinar y se puede expresar. Hablar por lo bajo es por ahí hasta falta de personalidad», enfatizó el gobernador.

    La reacción de Gioja se inscribe en el incipiente debate que se está registrando sobre la necesidad de actualizar el sistema de la coparticipación federal, para que incluya también las retenciones a las exportaciones agropecuarias.

    También el bonaerense Daniel Scioli se había referido al tema. Pidió explorar «qué consensos hay» para iniciar una discusión por la coparticipación formal de esa recaudación.

    Hay números que justifican esa preocupación. Producto de sucesivos parches en la Ley de Coparticipación, desde marzo de 2002 las provincias debieron cederle a los bolsillos nacionales recursos por $ 10.897 millones, equivalentes a una pérdida mensual promedio de $ 149 millones en concepto de transferencias automáticas.

    La tendencia 2008, en este sentido, no es buena, ya que las estimaciones prevén un incremento en la percepción de tributos ligados al comercio exterior, que no se coparticipan. Esta postal profundizará la desigual distribución de la torta coparticipable, por lo cual el gobierno nacional se quedaría con cerca de 70% del reparto total.

    Los cuestionamientos al alto grado de confrontación que mantuvo el gobierno con el campo, que deslizaron tanto varios gobernadores justicialistas como algunos dirigentes como el ex ministro Roberto Lavagna, y el senador Carlos Reutemann, son vistos con preocupación en el seno del PJ. No sólo porque pueden ser determinantes en el armado del nuevo partido que encara el ex presidente Kirchner, sino porque evidencian un enrarecido clima político con final abierto.
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