Casi de rigor resulta el análisis: ¿acertaron o no los encuestadores? Ejercicio poselectoral que, en verdad, debería prevalecer antes de los comicios, ya que la suma de traspiés, fallos, engaños pasados -y, en ocasiones, obvios aciertos- de los especializados siempre se olvida en el momento de votar y, en muchos casos, la gente se entrega al acto cívico con la certeza previa de los sociólogos, que favorecen siempre a los partidos mayoritarios. No en balde algunos países prohíben la difusión de encuestas más de una semana antes de los comicios, ya que la divulgación de estos datos cuestionables conspira invariablemente contra las agrupaciones más pequeñas. Ni siquiera se repara en que, al margen del nivel técnico, muchas de estas empresas son contratadas por los grandes partidos y, en consecuencia, responden más a su empleador que a un servicio para el público (el periodismo, además, no ignora que algunas de estas compañías son casi agencias encubiertas de ciertos patrones políticos). Por caso, sólo preguntan por aquello que interesa a sus mandantes.
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Hubo en esta ocasión también volatilidad en los encuestadores. Por lo menos en Julio Aurelio, quien de un día para otro, en sólo 24 horas -del sábado al mismo día de ayer-, varió sensiblemente su pronóstico.
Inexplicable, o lo que se dice una decisión forzada por el sondeo al instante, si uno quiere observar el fenómeno con buena voluntad. Con este encuestador no es la primera vez que ocurre esta singularidad pues ya, en el pasado, uno de los medios que lo contrató debió explicar esta actitud casi sospechosa (más, cuando se sabe que a un partido que le requería sus servicios el sociólogo en alguna ocasión le entregó un sobre cerrado para ser abierto por un escribano luego del resultado, en apariencia con datos diferentes a los que había difundido). Delicias de este negocio que sólo sirve para confundir a la gente.
Para la justa electoral de ayer, Aurelio había anticipado 48 horas antes que Terragno aventajaba a Bravo por 6 puntos; o sea, un triunfo nítido. Un día después, la misma jornada de los comicios, se rectificó anunciando un «empate técnico» con ventaja de casi un punto a favor de Bravo. Todo al revés, casi un sorprendente giro del electorado -según él-, justo cuando todos alertaban sobre una caída estruendosa del partido de Bravo en todo el país (por el fracaso y las denuncias falsas de Elisa Carrió). Para Aurelio, en cambio, el boom era al revés. Se equivocó largamente. En cuanto a Béliz y Liendo, Aurelio mantenía una mínima diferencia entre ambos y bien alejados de la pareja dominante (más de 11 puntos). En este último caso, Béliz le arruinó todos los pronósticos.
Esto, claro, era una flagrante contradicción con lo que anunciaba el CEOP (aliada del monopolio «Clarín» que, más de uno puede pensar, quizá defiende sus intereses y no la opinión de los ciudadanos). El CEOP se aproximó al litigio Terragno-Bravo-Béliz, pero enterró a Liendo desde el principio en todas sus predicciones de la Capital (nunca le concedió siquiera 4 puntos, cuando en rigor superó 10%), casi abismalmente separado de Béliz por más de 12 puntos. Nada que ver. A su vez, ya para enloquecerse en la lectura, la empresa Mori colocaba a Liendo por encima de Béliz (3 puntos) y daba parejo a Terragno con Bravo. Si esto ofrecía falta de seriedad, Gallup naufragaba al invertir sus pronósticos con la realidad: para esa marca internacional, ganaba bien Bravo (sugerencia a la cual, como se vio, al final se adaptó Aurelio). También aseguró Gallup en sus dislates que Béliz duplicaba los votos de Liendo. Casi de internación quedaba quien cotejara las en cuestas y sus orígenes, de hospicio total el que se adentrara en sus voluminosas explicaciones técnicas.
En el distrito bonaerense también hubo anticipos disímiles, salvo que Aurelio garantizaba un triunfo abrumador de Duhalde sobre Alfonsín -algo en lo que todos coincidían- pero acumulando una categórica voluntad de adherentes (casi 45 por ciento) que al resto de sus colegas -con razón- les costaba asimilar. Quien disfrutaba con esos afanes de Aurelio era el propio Duhalde, ya que esas cifras generosas le permitirían recuperar su vocación presidencialista. Eso sí, discrepaban también los expertos por el tercero y cuarto puestos: para Rouvier, el poco conocido Barracchia, del ARI, superaba ligeramente a Farinello, mientras el CEOP y Aurelio duplicaban la ventaja de éste sobre Barracchia. Criterios de medición insólitos, gente seguramente formada en escuelas diferentes, donde los números se mezclan en lugar de sumarse. Por fin, como se sabe, todos se frustraron porque la distancia entre ambos fue breve a favor del sacerdote y, curiosamente, casi ninguno de los encuestadores incluía a Luis Patti en ese pelotón, quien terminó pegado al ARI. Pensar que hay gente que paga por estos informes.
LOS BLOOPERS CON APELLIDO
Veamos los errores de los encuestadores: • Aurelio se equivocó en Capital: puso empate a último momento con ventaja para Bravo sobre Terragno. También erró al considerar a Béliz como un tercero largamente alejado de los dos primeros. Como todos, en Buenos Aires ubicó primero a Duhalde, pero con tal generosidad de votos que sólo se lo creyó el candidato. • Mori acertó con Terragno como primero para los porteños, pero erró al considerar que Bravo le mordería la nuca (un punto de separación apenas). Más notoria fue su falla al ubicar a Liendo antes que a Béliz y al considerar que éste obtendría la mitad de los votos que obtuvo. Con una ruleta le hubiera ido mejor.
Cerca
• CEOP estuvo cerca del desenlace Terragno, pero no pudo resolver la pelea Bravo vs. Béliz. Singular, casi premeditado, diría Domingo Cavallo, fue el apartamiento que esta empresa hizo de las intenciones de voto sobre Liendo, quien terminó logrando mucho más del doble de lo que anticiparon. Para algunos, aquí no existió el azar. En la provincia erró duramente con Barracchia, a quien había colocado debajo de Patti. • Rouvier no le asignó a Béliz el rol que finalmente obtuvo. Lo ubicaba muy por debajo de Bravo. En Buenos Aires, mientras, tropezó en forma significativa al atribuirle al candidato del ARI (Barracchia) una performance que ni la Carrió sospechaba.
• Gallup no tuvo suerte: ganó quien no creía, Terragno, ya que la empresa le asignó cómodamente a Bravo el primer lugar. Ni por asomo lo soñaba debajo inclusive de Béliz. Siempre habrá otra elección para recuperarse.
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