10 de agosto 2004 - 00:00

Entre el bolsillo y la ideología

No hay nada más difícil para un medio oficialista, como «Página/12», que informar sobre actos piqueteros. Creían que casi todo el progresismo estaba dentro del gobierno, algo que les facilitaba la tarea, pero cada día los piqueteros enfrentan más al kirchnerismo, algo que molesta su ideología y pone también en riesgo sus suculentos ingresos, desde el 25 de mayo de 2003 atados al gobierno. Tengamos en cuenta sólo un caso, que un periodista «progre» pidió a un medio de difusión 10.000 dólares por mes de sueldo. Duró 30 días pero cobró con eso por lo menos 8 meses de sueldos normales en prensa.

La protesta en la calle, entonces, termina ubicándolos a la derecha, algo que los desespera.

Esa sensación de incomodidad se notó en las crónicas sobre la marcha de piqueteros del miércoles pasado. La crítica se mezcló con una indisimulable simpatía por tener masas a favor.

• Policías heridos

«Se habló y escribió con el aire escandalizado de senadores de una Roma asediada por las hordas de Atila. Buenos Aires cual capital imperial en decadencia y los piqueteros cual hunos criollos», escribió exultante el diario llamado el «Pravda argentino», recordando el órgano oficial marxista de la ex Unión Soviética.

«Al final no pasó nada. Hubo varias marchas piqueteras y centenares de policías sin armas de fuego y con identificación a la vista. Quedó demostrado que no se trataba de un problema tan feroz»,
relató «Página/12» con alivio. Al día siguiente, en La Plata, el grupo de ultraizquierda Quebracho, mezclado con piqueteros, hirió a 9 policías tras presionar a la empresa privada Carrefour.

Esa simpatía por mostrar a los piqueteros como buenos pero algo traviesos se refleja en «Página/12» cuando se relata un episodio frente a la sucursal de Farmacity en Avenida de Mayo ese día: «Hubo un solo momento de vacilación, a las 14.15 de ayer (miércoles). En ese preciso instante la cortina metálica bajó hastael piso en segundos... En ese minuto de tensión varias decenas de manifestantes -uno de ellos lucía la máscara de Jason, el asesino serial de la saga «Martes 13»- se habían subido a la vereda... Todo parecía presagiar un enfrentamiento, pero el Jason criollo se fue a la Plaza de Mayo a pura risa, sin derramar una sola gota de salsa de tomate». Interesante descripción del momento y hasta causa gracia pero no deben haber sentido lo mismo los empleados de ese comercio que, como otros, permanecen abiertos porque se fundirían si cierran cada vez que hay marchas piqueteras. Pero con esa consigna: persianas abajo de repente y adentro todos encerrados -inclusive los clientes-si surge la violencia. El centro de Buenos Aires va a derivar en la Londres de la Segunda Guerra Mundial, cuando sonaban las sirenas, todo se cerraba y se corría a los refugios porque venía la destructiva bomba nazi V2.

«Clarín» -otro medio comprometido con el gobierno, por lo menos hasta que le renueven la licencia de «Canal 13», que vence en enero próximo-contó también risueñamente cómo custodios piqueteros con palos interrogaron y exigieron el carnet a uno de sus periodistas para explicar por qué estaba en una vereda. Lo mismo -dice «Clarín»- a dos obreros de Metrovías. ¿En qué país del mundo alguien que no sea un policía le puede pedir identificación a un transeúnte y hacerlo armado con un palo?

Para «Página/12» todo comentario crítico sobre el problema de los piqueteros y la extrema izquierda en las calles es una exageración: la violencia en las manifestaciones siempre es provocada por la Policía, sostiene. Claro, ahora no puede decir por «los servicios», porque son del mismo palo. Los manifestantes piqueteros, dice, son buenazos como el que, relata, se tropezó con una señora que quería salir rauda del centro protestando contra los subsidios a piqueteros:
«Con el rostro tapado espiaba a las chicas bellas por una hendija del pasamontañas». «Y bueno, ¿qué quieren? Somos seres humanos», se justificó el militante.

Los piqueteros son como las barras bravas pero potenciados. Alarman a las mayorías moderadas, pero en el fútbol, al menos, son reconocidos cuando alientan al equipo, sobre todo cuando va de visitante.

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