Si de algo puede jactarse el actual gobierno, es de no haber podido cumplir prácticamente ninguna de las promesas que le hizo al país, ni antes de asumir ni durante los seis meses que lleva de gestión. El 8 de marzo pasado, Eduardo Duhalde había asegurado que hoy, 9 de julio de 2002, los argentinos iban a festejar el fin de la recesión de la economía.
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Llegó el 9 de julio, el día en que la Argentina debía comenzar a crecer, y crecimiento no se observa en casi ningún rincón del país. Ni siquiera en las exportaciones, que favorecidas por el nuevo dólar podrían haber dado el puntapié para el despegue que anticipó el gobierno, se puede apreciar algún síntoma de mejoría y en cambio siguen a la tendencia decreciente que muestra el resto de la economía.
Los principales indicadores económicos muestran que en su día de la reactivación, la Argentina sigue sumergida en la peor recesión de la historia, con sus niveles de actividad venciendo mínimos históricos cada mes. El PBI cayó 16,3 por ciento en el primer trimestre del año y se espera una caída similar en el segundo trimestre; la inflación acumula un aumento de 30,5 por ciento desde enero; el desempleo superaría 22 por ciento; la pobreza alcanza a la mitad de la población; las inversiones brillan por su ausencia y no hay ningún anuncio de inversiones extranjeras directas en el país; la industria manufacturera registra una caída interanual de 13% a mayo pasado; las ventas de autos cayeron 72% en junio; las ventas en supermercados y shopping siguen deteriorándose ante el menor poder adquisitivo de la gente; la construcción está paralizada con una caída interanual de 35,9%... y se pueden seguir enumerando indicadores para más que asegurar que hoy se puede festejar cualquier cosa, menos el fin de la recesión.
Tampoco aparece un horizonte que permita anticipar que este año habrá razones para festejar: ninguno de los principales gurúes económicos del país que, erráticos o no, realizan y ajustan pronósticos sobre el rumbo económico cada día, cree que el fin de la recesión pueda ocurrir este año. En cambio, sus proyecciones macroeconómicas indican que en los próximos meses la economía seguirá cayendo. Y peor aún, coinciden en que, en el mejor de los casos, el país podrá decirle adiós a la actual recesión a mediados del año próximo. Pero para ello falta mucho que transitar: la condición para llegar a ese punto es que se detenga la actual fuga de capitales, batalla que por el momento este gobierno está perdiendo.
Conceptualmente, hay varias formas de definir si un país salió o no de la recesión. La más aceptada es que un país salió de este ciclo depresivo una vez que se cumplen dos trimestres consecutivos de subas interanuales en los niveles de actividad. Generalmente, se toma el Estimador Mensual Industrial (EMI) que capta un porcentaje importante de la actividad de la industria manufacturera para realizar el seguimiento.
Pero lejos está este indicador de registrar crecimiento. En su comparación interanual, el EMI lleva quince meses consecutivos de caídas y nueve meses registrando bajas de dos dígitos.
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