El reproche de Hugo Moyano a Néstor Kirchner, por dejar de lado a los gremios en el armado electoral, generó una rápida repercusión en el gobierno. No hubo un retruque oficial pero, en reserva, la respuesta fue implacable: «Es un planteo mezquino que atrasa 50 años».
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A través de un comunicado, Moyano dijo que se «ignora» al «movimiento obrero» que son portadores «de la mística» del PJ. Los resultados en Córdoba y Santa Fe «dejan al desnudo la ausencia de políticas y contenidos doctrinarios que motiven a la militancia peronista», pegó.
A media tarde, apenas circuló el documento de la CGT, desató reacciones en la Casa Rosada desde donde, sin embargo, evitaron las manifestaciones oficiales.
Sin embargo, hablaron por medio de voceros: «Leemos lo que dice, tomamos nota de sus planes y lo tenemos en cuenta. Pero debe quedar algo muy claro: no le tenemos miedo a Moyano», transmitió, anoche, la perspectiva oficial un habitante de la Casa Rosada. Con ese enfoque, se atribuyó la reacción del cacique sindical a que quiere «presionar» para que le den «lugares en las listas». «Pero -advierten- se equivoca: ¿qué quiere, llenar de sindicalistas las boletas?»
Para el clima del gobierno, la reacción de Moyano fue inoportuna porque, justamente, aparece en un momento en que tras los resultados de Santa Fe y Córdoba, en el ranking de Néstor Kirchner cayó la «estructura peronista» que reclama vindicar Moyano. «Atrasa 50 años», repitieron en el gobierno: «Es el momento de abrir, de ampliar, es otro tiempo histórico».
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