21 de diciembre 2007 - 00:00

"Esperaba entrar a una recepción o un brindis"

Claudio Uberti
Claudio Uberti
El día que Victoria Bereziuk identificó a Guido Antonini Wilson dentro de la Casa Rosada, no fue una jornada común. Ese 6 de agosto, Hugo Chávez ya había llegado a Buenos Aires: apareció en el Salón Blanco junto a Néstor Kirchner para firmar una serie de convenios -otros más dentro de las decenas de acuerdos que ambos países suscribieron durante los últimos cuatro años- que incluyeron cooperación energética y, sobre todo, la compra de u$s 1.000 millones en bonos argentinos por parte del gobierno de Caracas.

La sede del gobierno estaba ese día repleta de venezolanos, que habían llegado en los tres aviones que componían la flota de visitantes bolivarianos. Se recuerda a un Chávez eufórico y hasta criticado por la oposición por haber declarado desde su llegada en el Aeroparque, que la ganadora de las elecciones sería Cristina de Kirchner.

Lo repitió luego en el Salón Blanco: «Hasta las piedras lo dicen, Cristina será la próxima presidenta». Por supuesto, levantó el aplauso y los gritos de todos los presentes. Mejor fiesta era imposible de imaginar para el matrimonio presidencial.

  • Comprobado

  • De acuerdo con la declaración de Bereziuk, Antonini pudo haber estado junto a los espectadores. «La mención de esta persona es que Antonini Wilson se hallaba en un salón donde había otras personas esperando un tipo de cóctel o brindis con motivo de la firma de convenios con Venezuela», dijo ayer la fiscal con respecto a la declaración de Bereziuk.

    Está comprobado que Julio De Vido y Claudio Uberti -que 48 horas antes había salido raudamente de Aeroparque, segundos antes que María del Luján Telpuk, la agente de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, obligara a abrir el maletín desatando la tragedia- presenciaron ese acto en la Rosada. Era imposible que no estuvieran si sólo tres días antes Uberti había afinado el lápiz en Caracas para terminar con la letra chica de esos convenios. Ni se imaginaba, a pesar de conocer ya el inicio del escándalo, que pocos días después sería el primer fusible que entregaría el gobierno argentino.

    Ese es quizás el mensaje más fuerte que dejaron ayer las declaracionesde la fiscal María Luz Rivas Diez, como reconocían anoche en la Justicia: Novatti deberá apurar la citación a protagonistas de esa noche como Uberti; la propia Bereziuk que deberá ampliar su primera declaración y Exequiel Espinosa, el presidente de ENARSA, o los representantes de PDVSA, que también utilizaron el avión.

    No hace falta, entonces, esperar la extradición de Antonini Wilson para avanzar con la investigación que, de acuerdo con Rivas Diez ya acumula cientos de folios. Además de esos testimonios que pueden echar luz sobre la causa, estará también el memorando que la Justicia argentina ya requirió al FBI con las declaraciones textuales que consiguieron de las grabaciones, que con la ayuda de su testigo protegido Antonini les sacaron a los venezolanos, ahora acusados de agentes extranjeros en Miami. Como las cajas de Elisa Carrió sobre lavado de dinero, esas pruebas tardarán meses más o meses menos, pero finalmente llegarán.

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