Estrategia Camaño: partir el bloque para retener la Cámara
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Eduardo Camaño
• El propio Camaño conquistó más afectos personales fuera del PJ que dentro. El conoce como pocos las preocupaciones de tipo gremial que satisface siempre un jefe de Cámara dúctil. ¿Cómo se explica, si no, que hasta Patricia Walsh lo votaracomo titular del cuerpo con un discurso en el que este caudillo del conurbano se confundía con la figura de Lenín? La cosecha de este trabajo de seducción de la oposición, que Camaño realizó durante horas en los últimos años, le permitiría constituir una mayoría opositora y retener así el tercer lugar en la línea sucesoria de Kirchner. Es su sospecha. Por eso sus posiciones se han endurecido tanto últimamente, para asombro de quienes siempre lo conocieron como un negociador pacífico y pragmático.
• El triunfo de Raúl Alfonsín Eduardo Camaño en la UCR facilitará esta composición. La viga maestra de la política del ex presidente en los últimos años ha sido la constitución de una mayoría bonaerense en el Congreso, en combinación implícita con Duhalde. Esta orientación no se ha modificado recientemente, por más que haya que tener demasiada fantasía como para imaginarla capaz de engendrar, tan temprano, una candidatura común a la presidencia: la de Roberto Lavagna. Es la pesadilla de Kirchner.
• Camaño hace un cálculo de oportunidad política bastante obvio. Piensa que para quebrar el bloque, mejor hacerlo ahora. Producir esa fractura después de una derrota como la que se prevé para Chiche Duhalde sería inoportuno. Hacerlo después de una victoria, por ahora improbable, sería imposible: el kirchnerismo no se separaría en tal caso. En cambio, una secesión en plena campaña tendría un efecto adicional: aventar la sospecha que formuló Mariano Grondona el domingo en su nota de «La Nación» y en «Hora clave», según la cual votar por la esposa de Duhalde suponiendo que se está alimentando a la oposición a Kirchner es tirar el voto, ya que tarde o temprano los diputados de su lista votarán las leyes junto con los de la lista de Cristina.
Toda la estrategia de Camaño se malogra en un solo punto: él no puede ser quien impulse la fractura, salvo que quiera blanquear un temperamento opositor que el duhaldismo viene disimulando al máximo desde que comenzó esta campaña. Pero si de algo quieren huir los duhaldistas es del retrato que los muestra como el aparato que se traga los gobiernos, en este caso por la vía de la obstrucción parlamentaria.
Un postulado principal del proselitismo de Duhalde ha sido convertirse en la última víctima de la iracundia y la ingratitud presidencial. Lo está consiguiendo no por sus méritos, sino por la incomprensible estética que el gobierno decidió aplicar a sus movimientos: de ser « outsiders» que venían a redimir a la población de los desmanes de los que mandaron hasta ahora, los Kirchner se van transformando, a fuerza de virulencia y ceremonial, en el poder que objetivamente son. De víctimas podrían devenir en victimarios.
Si Duhalde, a través de Camaño, se convierte en el responsable de la ruptura, tal vez esa dramática del proselitismo actual se modifique con un inconveniente cambio de roles. Por eso la suerte del presidente de la Cámara de Diputados depende hoy más que nunca de lo que decida Kirchner y gestione en las próximas horas Alberto Fernández, a quienes corresponde el turno de mover las piezas.




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