2 de agosto 2005 - 00:00

Estrategia Camaño: partir el bloque para retener la Cámara

Eduardo Camaño
Eduardo Camaño
Fernández, el jefe de Gabinete, viene diagramando desde hace semanas la conducción del bloque de diputados peronistas que más satisface el paladar de Néstor Kirchner. Se trata de una tetrarquía, integrada por el porteño Jorge Argüello, el rionegrino Osvaldo Nemirovsci, el cordobés Carlos Caserio y el salteño Juan Manuel Urtubey.

La instalación de estos cuatro jinetes en la cúpula de la bancada tal vez termine por dividir el bloque. El argumento lo aportan los duhaldistas. Ellos dicen que, con la licencia de José María Díaz Bancalari, debe abrirse paso al sucesor natural, el vicepresidente del bloque, Manuel Baladrón, de La Pampa. Otro formato sería interpretado como una agresión por los diputados que responden al caudillo de Lomas de Zamora, entre ellos su esposa, Chiche Duhalde (o «la Señora Hilda», para los más verticalizados).

No es, sin embargo, la candidata a senadora quien diseñó la estrategia parlamentaria del duhaldismo. El encargado de esa tarea es Eduardo Camaño, quien expuso sus reflexiones en varias oportunidades durante los últimos días: desde un almuerzo, el jueves, en la presidencia de Diputados, hasta una larga reunión con la crema del duhaldismo legislativo, el viernes. ¿Cuál es el itinerario que, en combinación con Duhalde, propone Camaño? El ha determinado ya que a su sector le resultará difícil retener el comando del bloque peronista. Y que sólo con la división de ese bloque se podría conservar la jefatura de la Cámara, que él ejerce.

Camaño razona así: «Si nos mantenemos dentro del bloque, deberemos postular a un candidato a presidir la Cámara baja que surgiría de una votación interna o del consenso con el kirchnerismo. En tal caso, nunca sería nuestro. En cambio, si se fractura ahora, yo me puedo ofrecer a los diputados de la oposición como presidente del cuerpo, desde la vereda de enfrente».

Hay una cantidad de premisas que no son explícitas en los silogismos de este zorro de Quilmes:

• El gajo duhaldista podría contar con, por lo menos, 26 diputados. Una base suficiente como para seducir a los seguidores de Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá.

• El propio Camaño conquistó más afectos personales fuera del PJ que dentro. El conoce como pocos las preocupaciones de tipo gremial que satisface siempre un jefe de Cámara dúctil. ¿Cómo se explica, si no, que hasta Patricia Walsh lo votaracomo titular del cuerpo con un discurso en el que este caudillo del conurbano se confundía con la figura de Lenín? La cosecha de este trabajo de seducción de la oposición, que Camaño realizó durante horas en los últimos años, le permitiría constituir una mayoría opositora y retener así el tercer lugar en la línea sucesoria de Kirchner. Es su sospecha. Por eso sus posiciones se han endurecido tanto últimamente, para asombro de quienes siempre lo conocieron como un negociador pacífico y pragmático.

• El triunfo de Raúl Alfonsín Eduardo Camaño en la UCR facilitará esta composición. La viga maestra de la política del ex presidente en los últimos años ha sido la constitución de una mayoría bonaerense en el Congreso, en combinación implícita con Duhalde. Esta orientación no se ha modificado recientemente, por más que haya que tener demasiada fantasía como para imaginarla capaz de engendrar, tan temprano, una candidatura común a la presidencia: la de Roberto Lavagna. Es la pesadilla de Kirchner.

• Camaño hace un cálculo de oportunidad política bastante obvio. Piensa que para quebrar el bloque, mejor hacerlo ahora. Producir esa fractura después de una derrota como la que se prevé para Chiche Duhalde sería inoportuno. Hacerlo después de una victoria, por ahora improbable, sería imposible: el kirchnerismo no se separaría en tal caso. En cambio, una secesión en plena campaña tendría un efecto adicional: aventar la sospecha que formuló Mariano Grondona el domingo en su nota
de «La Nación» y en «Hora clave», según la cual votar por la esposa de Duhalde suponiendo que se está alimentando a la oposición a Kirchner es tirar el voto, ya que tarde o temprano los diputados de su lista votarán las leyes junto con los de la lista de Cristina.

Toda la estrategia de Camaño se malogra en un solo punto: él no puede ser quien impulse la fractura, salvo que quiera blanquear un temperamento opositor que el duhaldismo viene disimulando al máximo desde que comenzó esta campaña. Pero si de algo quieren huir los duhaldistas es del retrato que los muestra como el aparato que se traga los gobiernos, en este caso por la vía de la obstrucción parlamentaria.

Un postulado principal del proselitismo de Duhalde ha sido convertirse en la última víctima de la iracundia y la ingratitud presidencial. Lo está consiguiendo no por sus méritos, sino por la incomprensible estética que el gobierno decidió aplicar a sus movimientos: de ser « outsiders» que venían a redimir a la población de los desmanes de los que mandaron hasta ahora, los Kirchner se van transformando, a fuerza de virulencia y ceremonial, en el poder que objetivamente son. De víctimas podrían devenir en victimarios.

Si Duhalde, a través de Camaño, se convierte en el responsable de la ruptura, tal vez esa dramática del proselitismo actual se modifique con un inconveniente cambio de roles. Por eso la suerte del presidente de la Cámara de Diputados depende hoy más que nunca de lo que decida Kirchner y gestione en las próximas horas Alberto Fernández, a quienes corresponde el turno de mover las piezas.

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