Estrategia con peor candidato + candidato con peor estrategia = una nación dramática
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El otro problema es que la izquierda -hoy alegremente festiva contra Menem-, frente a un desplazamiento del santacruceño, puede reaccionar contra Duhalde, porque un gobierno de «aparatos políticos» es decididamente fascismo.
Bien mirado, en el fondo, se está intentando una nueva «alianza», donde el Kirchner de hoy sería el Fernando de la Rúa de ayer. Que sólo represente el poder.
Es dramático que con fondos públicos más manipulación de situaciones desde el gobierno se pudiera engendrar un presidente. Para Duhalde no importaba su ideología. Primero intentó con figuras del centroderecha, como Carlos Reutemann o José Manuel de la Sota. Como falló allí, no le vino mal un ambicioso y casi desconocido gobernador santacruceño de centroizquierda como Néstor Kirchner.
Duhalde, hoy feliz porque con dinero y «aparato» (armado también con fondos públicos cuando era gobernador) puede ubicar por lo menos segundo con derecho a opción al candidato que se le ocurra. Sólo debe lamentarse, si cualquier candidato igual le servía, no haber designado a su esposa Chiche Duhalde, porque, en este caso, hasta podría haber ganado el primer lugar para un ballottage.
Lo otro grave, que surge de este domingo, es que Duhalde tuvo siempre una estrategia. Será criticable por anti-democrática (por haber impedido la elección interna partidaria), por engañadora al basarla en haber postergado los problemas graves del país y su estallido hasta después de que se votara. Criticable también que diluvió subsidios, que desalentó el trabajo, que sobornó a encuestadores, que pagó medios de difusión, que presionó sistemáticamente a gobernadores. Todo lo que se quiera criticarle, pero tuvo una estrategia definida aplicable a un candidato que pudo ser Néstor Kirchner o cualquiera.
En el otro lado de ese clientismo populista hoy en el gobierno hubo un buen candidato del cual siempre se supo hacia dónde iría, que no tenía dineros públicos para manejar y pocos aportes privados para su difusión, con un «aparato» mínimo, sin gimnasia ni ejecutividad de gobierno decisiva, con fuerte prensa crítica en contra. Así se presentó Carlos Menem, pero absolutamente sin ninguna estrategia. Se equivocó -o lo hicieron equivocar- en casi todo, aunque buena parte, es cierto, fue culpa de su propia autosuficiencia.
Es verdad que la opción moderada es Menem o el aquelarre duhaldekirchneriano. Pero hay un poco de rencor hacia el riojano en cuanto a que desperdició muchas de las esperanzas y esfuerzos puestos en él.
Desde que se lo «suponía» futuro presidente, fue rodeado de quienes, buscándose una ubicación o reubicación a futuro, le ofrecían todo menos lo que necesitaba: un acto con 600 personas en Entre Ríos, otro con 3.000 en el Tigre, un tercero con 6.000 personas en La Matanza, un cuarto, un quinto, un sexto... Hasta un «estadio de River», donde duplicó la concurrencia que había logrado Néstor Kirchner, pero terminó aventajándolo sólo por 2 puntos. ¿De qué le sirvió?
Carente de una estrategia electoral, centró 90% de su esfuerzo para el mismo público votante que ya estaba con él desde el momento en que formalizó su postulación, como lo prueba que estaba primero en encuestas en diciembre y primero terminó. Pero crecieron sus rivales esforzándose por ganar votos -enviando buenos mensajes, buenos spots televisivos, hasta comprando votos y lubricando los «aparatos»-, mientras Menem se quedó.
No es despreciable lo suyo: salir primero en votos habiendo tenido mala actuación y no ganado ni en Capital Federal ni en la provincia de Buenos Aires causa asombro. Hasta Fernando de la Rúa ganó en el distrito bonaerense.
El entornismo lo perjudicó. Alguien, para congraciarse, le acercaba encuestas de la SIDE, que le daban 42%, o de Gendarmería, que le adjudicaban 48%. Llegó a creerlo. Que ganaba sin esfuerzo, que el «aparato» duhaldista arrastraba gente, pero que dentro del cuarto oscuro lo votaban a él, que triunfaba en primera vuelta cuando todo cálculo serio hacía imposible esto.
De un buen nivel en la Capital Federal y de estar peleándole el primer puesto a López Murphy cayó a cuarto recogiendo sólo 300.000 votos en el segundo principal distrito del país.
Es un público muy sensible el porteño. Tiene un componente de izquierda fuerte y casi solitario en el país. El resto es moderado. Nunca absorbió mucho al peronismo, salvo que lo vea serio, bien encaminado o freno para alguna acechanza. Es muy probable que lo apoye fuerte el 18 de mayo porque ahora el riesgo es un esquema de poder de «aparatos», tipo fascismo. Entre un Menem que le proponía de intendente a Gerardo Sofovich y López Murphy a Patricia Bullrich...
No usó Menem a los hombres que más brillo y aireación podían darle: el gobernador de La Pampa, Rubén Marín, por ejemplo. No por nada el discurso en un solo acto en que estuvo el pampeano fue considerado el mejor de toda la campaña. No mostró en ningún campo las mejores figuras sino las que más empujaban en su cercanía. Se basó mucho, demasiado, en el pasado como si bastara su figura para ganar y no necesitara exponer ideas sobre la realidad que viene, ciertamente terrible.
No obstante, este Carlos Menem es la única posibilidad, ya en chance única de dos que tiene el país de no caer en un nuevo desastre económico y social. No debería alegrarse y creerse salvador el riojano de que ayer los mercados se hayan derrumbado por el resultado electoral, por su estrecha diferencia con el peligroso Kirchner.
Es el riojano, ciertamente, hoy la única opción legal posible para la moderación en el ballottage, pero debe entender que tiene que cambiar su mensaje para ese público moderado. Comprender que si el «aparato» duhaldista usó hasta lo imposible para entrar en la primera vuelta, más lo volcará en la segunda. De hecho, ya lo está haciendo y comprando nuevos voceros que afirman que es imposible que Menem sea presidente. Es falso, pero lo difundirán.
Los dos distritos que más aman -y se preocupan- tradicionalmente la libertad -la Capital Federal y Córdoba- optaron mayoritariamente por Menem y López Murphy. Un 40% clave de arranque para la segunda vuelta. Porque no debemos ignorar que en un gobierno «de aparatos» coordinado por Duhalde hasta la libertad entra en riesgo en la Argentina.
Menem debe mostrar sin virulencia que si aun faltando una elección, la decisiva, ya comenzaron a huir los capitales de la Argentina, como se vio ayer, un Kirchner presidente y un Duhalde con el poder harán del país un páramo en cuanto a inversiones. Y sin inversiones, sin pagar a los acreedores externos que sólo hicieron un intervalo en sus reclamos para ver «qué pasaba en los comicios», sin reconocerles mayores costos a las empresas en tarifas, sin pagar a proveedores, sin el 13% de devolución a empleados, sin más seguridad, sin límites a la turbulencia en las calles y 50 problemas graves más, ocultados hasta después del 25 de mayo, la Argentina será un país difícil de vivir.




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