Para muchos, Néstor Kirchner tenía el corazón en el triunfo de Estudiantes sobre Boca Juniors. Extraño en un hincha de Racing, ya que el club de Avellaneda guarda viejas reyertas por finales de copas con los platenses de la época en que a éstos los dirigía Osvaldo Zubeldía, cuyos jugadores -formados en una dudosa ética, cuando Carlos Bilardo jugaba con alfileres para lastimar a los contrarios- corrían en esos partidos clave con sorprendente velocidad. Pero, claro, tampoco se imagina a un simpatizante de Racing inclinándose por Boca. Menos cuando a este equipo lo preside Mauricio Macri, personaje que políticamente -ya como método- Kirchner lo entiende como opositor y a quien, en lo personal, siempre devaluó por haber ingresado a la política por la claraboya (se usan palabras del autor). Sin embargo, al margen de estas consideraciones menores, parece que a Kirchner le interesaba el éxito de Diego Simeone y de Juan Sebastián Verón, a quienes conoció por un amigo (recordar que Simeone entrenó a Racing en el anterior campeonato) y los que, entre otros, fueron a jugar a Olivos algún sábado de entretenimiento.
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