Etapa más seria para la Justicia
Había recibido tantas críticas, se lo veía tan mal, tan teórico. Desde el comienzo sorprendió su designación como ministro de Justicia y Seguridad. Irritaba con sus críticas violentas al gobierno de Carlos Menem, luego de haberlo integrado. Se le reprochaba ser tan casquivano y volátil en política que casi nadie lamenta que el presidente Néstor Kirchner lo haya hecho renunciar como ministro a Gustavo Béliz. No servía para el cargo, pero su alejamiento deja una duda: ¿hay un control dictatorial, tipo Gestapo, de la SIDE en este momento en la Argentina que Béliz denuncia bajo la palabra genérica "mafia"? Otra duda: ¿será cierto que desde la Casa Rosada prefieren que mueran policías desarmados, linchados por manifestantes por no tener un arma -ni siquiera en las últimas líneas defensivas o a nivel de oficiales-, y que por oponerse a eso tuvieron que irse un hombre serio y respetable como el fiscal Quantín y también Béliz, pese a que éste tenía muchos otros motivos? Porque no es conveniente para nadie el operativo montado el jueves contra piqueteros con 1.000 policías desarmados, cerrando todos los accesos por calle a la Legislatura porteña -ideado por el propio presidente Kirchner, se aclaró, "por su experiencia en Santa Cruz-ya que era un acto prenunciado con una semana de anticipación. ¿Qué sucedería ante un imprevisto donde no se puede planear tanto despliegue ni erigir tantas vallas metálicas?
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El ex ministro se plantó en este terreno con la idea de que si se producía su alejamiento (como sucedió) el gobierno cargaría con el costo político de haber echado -según su particular visión-a uno de los funcionarios que más luchó contra las mafias y la corrupción en el poder político. Es el estilo de Béliz, que no debería sorprender. Lo utilizó cuando pegó el portazo en el gobierno de Carlos Menem denunciando un «nido de víboras» y, luego, hizo lo mismo cuando rompió la alianza con Domingo Cavallo, a quien acusó de ser un «bulímico de poder».
Arranques de histeria de un ministro que durante 14 meses en el cargo no pudo resolver el grave problema de la inseguridad. Lo único que hizo fue pelearse con todos los jueces federales con un proyecto de unificación de fueros de claro tinte anticonstitucional.
Le queda ahora al ministro Rosatti y a Iribarne (que fue secretario de Seguridad cuando Eduardo Duhalde era presidente) recomponer el descalabro que existe en ese ministerio donde todo es cero: cero en seguridad, cero proyectos, cero FBI criolla, cero Interpol.
En la gestión de Béliz sólo hubo verborrágicas declaraciones, algunas con tufillo a falsedad. Dos casos sirven de muestra: las «famosa» cuenta en Suiza de Menem que se confirmó nunca existieron y el show montado en la toma de la comisaría de La Boca donde ignoró y se hizo desobedecer la orden de la jueza María Angélica Crotto de desalojar la unidad policial.
Junto a Béliz y a Quantín dejarán su cargo todos los demás miembros del «equipo» que ocupaba el edificio de Sarmiento al 300. Salvo uno: el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde. Entre los que se van están el ex subsecretario de Seguridad José María Campagnoli, (que como Quantín deberán regresar a sus respectivas fiscalías) el cuñado de Béliz, Francisco Meritello y el encargado de la inspección de personas jurídicas, el abogado Eduardo Nissia, a quien se lo vincula profesionalmente con los intereses del monopolio «Clarín».




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