9 de febrero 2004 - 00:00

Evita hablar de deuda la primera dama en Nueva York

Cristina Fernández de Kirchner terminó la noche, ayer, en el elegante Orsay, de Lexington y 75th, en Nueva York. La acompañaba una compañía selecta: el representante ante la ONU, César Mayoral, el periodista Ernesto Semán y el financista Javier Timerman, hijo del legendario Jacobo. Especialidades francesas y una exquisita «thai buillabaise» con jengibre y salsa de limón se sirvieron en esa brasserie, emplazada frente a una boutique de Gap a la que Cristina echó un vistazo distraído. Todavía no comenzó la gira neoyorquina de la primera dama, que se inaugurará hoy, cuando visite la New School University, donde Seman fundó un Observatorio Argentino al que la pareja gobernante ya asistió cuando estuvo en Manhattan para concurrir a la Asamblea General de la ONU.

Tal vez no sea la mejor semana para que la esposa del Presidente pasee por Nueva York. Esa ciudad, sede principal de la comunidad financiera internacional, tal vez sea el último lugar de visita para alguien que integra un gobierno en default y con tantas complicaciones en las negociaciones con los acreedores.

Sin embargo, la senadora llegó a Nueva York el sábado para cumplir con una agenda cuyo principal compromiso está consignado para el martes, día en que hará una exposición en la Americas Society. Toda la visita estará centrada en asuntos institucionales y de derechos humanos, es decir, en el mejor perfil externo del gobierno. Ayer la esposa de Kirchner caminó por el Central Park y asistió a una velada en el Metropolitan Opera House.

Lobbysta

Así como la entrevista con los representantes de la New York School University fue tramitada por un particular, en los demás tramos de la visita se notará poco la mano de la Cancillería. Por ejemplo, la senadora Fernández será introducida en la elegante casona del Council of the Americas, en el número 680 de Park Avenue por el lobbysta Saúl Rosztein, quien ganó notoriedad como hombre clave en las relaciones entre la Argentina y Manhattan durante la gestión de Carlos Ruckauf, cuando el país era gobernado por Eduardo Duhalde (curiosidades de la historia, en aquel momento algunos amigos de la primera dama en el periodismo destrozaron a Rosztain por una iniciativa de Ruckauf: convertirlo en representante del Estado argentino ante la comunidad judía).

El Council of Americas y su institución hermana, la Americas Society, donde se congregan los encargados de relaciones corporativas de las principales empresas con intereses en el hemisferio, cursaron invitaciones entusiastas con la llegada de la senadora. La presentan como uno de los dirigentes más influyentes de la administración actual, segunda después de su esposo en la consideración de las encuestas. Anunciaron allí que hablará de cuestiones institucionales, ligadas a la Constitución y a los derechos humanos. Todo un desafío para Cristina Kirchner: la última vez que se habló de la Argentina y los derechos humanos en esa casa de Park Avenue fue cuando Roger Noriega, subsecretario de Estado de los Estados Unidos, se confesó decepcionado por la política pro castrista del gobierno de Kirchner. Tal vez la cuestión, tan enojosa, reaparezca mañana.

La exposición en materia de libertades públicas de Cristina Fernández de Kirchner no se reducirá a la aparición en el Council (habrá una conferencia de prensa pero sólo para hispanohablantes, según aclararon los organizadores). La primera dama se entrevistará también con la conducción de la institución de derechos humanos Human Right Watch, una de las más gravitantes de los Estados Unidos, donde se encontrará con Aryeh Neier. También aquí llega de la mano de Javier Timerman y de su hermano Héctor, quien fundó el capítulo latinoamericano de esta institución a la que perteneció, entre otros, Andrei Sakharov (de este Timerman periodista contaba historias anoche, durante la cena, el embajador Mayoral, quien militaba con él en el peronismo revolucionario de los años '70, para escándalo del fundador de «La Opinión»).

En la sede del consulado argentino la senadora recibirá a Patt Derian, asistente del Departamento de Estado en materia de Derechos Humanos durante la presidencia de James Carter. Otra paradoja de la historia: el diplomático que debió encargarse de responder al alegato que Derian produjo en contra de las violaciones a los derechos humanos del gobierno militar es hoy el mayor proveedor de sangre intelectual a la gestión de Kirchner.

No será éste el dato en que se detenga el interés de la esposa del Presidente, quien al parecer se muestra más clemente que otros miembros de la administración ante el pasado de los funcionarios. Un ejemplo es que, si bien se alojó en el domicilio de Mayoral, adoptó como sede de trabajo el consulado argentino, donde convive con Juan Carlos Vignaud: compadre de Fernando de la Rúa, este diplomático fue uno de los más apreciados por José López Rega cuando el ministro de Isabel organizó su famoso viaje a Libia. En la comida de Orsay se habló de este cónsul, a quien los militantes por los derechos humanos recuerdan de su paso por la embajada en Oslo, donde se negó a asistir a la gala que se ofreció cuando le otorgaron el Nobel de la Paz a Adolfo Pérez Esquivel. Cristina, al parecer, no recordaba estas peripecias, de cuando ella se había mudado a Río Gallegos, y hoy recibirá a Human Right Watch en el despacho de Vignaud.

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