Así como ayer se festejó el Día del Consumidor, ¿no habrá llegado la hora de instalar el Día del Contribuyente? Ya que si se han multiplicado los Ralph Nader, quien avanzó en EE.UU. contra monopolios o empresas (por vender autos peligrosos, hamburguesas con demasiada grasa o dentífricos contaminantes), y organismos u ONG que pugnan por precios y tarifas exagerados o servicios deficientes, al contribuyente habría que protegerlo con un trato igual. Casi inquietante resulta que desde hace más de 30 años, el consumidor que puede elegir productos en el supermercado disponga de una jornada y algunos grupos de defensa, mientras al contribuyente que paga impuestos no disfruta del simbolismo de un día para su memoria ni, mucho menos, informales tribunales defensivos para evitar que no se malversen sus tributos. O que éstos no se pierdan.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Cada dos o cuatro años, los contribuyentes -como los ciudadanos- se expresan sobre candidatos o políticas. Pero, antes, ¿no hay siquiera ONG que observen gastos inútiles (quizás alguna fundación específica) o actividades superfluas de los funcionarios? La pregunta viene a cuento de una ligera pero interesante discusión en el CARI -no en su programa de conferencias, claro, sino en sus arrabales de rentados diplomáticos-, sobre la cantidad de ministros, secretarios y subsecretarios de Estado que, apenas a diez meses de asumidos y con más de un año de distancia de los próximos comicios, ya distraen gran parte de su tiempo por lo menos -pagado por el contribuyente-en organizar partidos, agrupaciones, eventos, reuniones, para su propio desarrollo político.
Una actividad sorprendente la de estos conspicuos funcionarios en un país -como suele repetir el propio Néstor Kirchner-que padece una crisis inédita y angustiante. Si no hubiera tamaña emergencia, quizá se justificarían esas derivaciones de índole democrática (para pensar bien), aunque en naciones con mejor reputación en esa disciplina y con menos urgencias económicas que la Argentina, tipo Noruega o Suiza, no abundan los casos de funcionarios que consumen tanta energía en proyecciones personales cuando les pagan por otro ejercicio. Lo nuestro es típico como el dulce de leche.
• Conmovedor
Si eso sorprende, más conmovedor resulta ese despliegue de fuerza si uno observa el magro beneficio económico que reciben quienes hoy controlan el Estado en la Argentina, ya que sus exangües ingresos oficiales se congelaron en tiempos de Adolfo Rodríguez Saá y, por más estudios que analizan en la Casa Rosada, el Presidente se niega a firmar una recomposición salarial. Se la había prometido a sus colaboradores suscribir en marzo, pero dilata la decisión como la leyenda dice que son los patrones de estancia. No es el caso: ese incremento mensual también lo incluye a él. Si posterga la firma, es por cierto temor a repudios en la calle (piqueteros) o en los medios, no desea un desgaste social que lo afecte en las encuestas. Ni siquiera ha contemplado todavía un ajuste en los sueldos de nivel medio de la administración pública (uno de los últimos proyectos que le llevaron), hecho que forzaría a mover las escalas hacia arriba -como en cualquier convención colectivay de ese modo disimular el aumento inevitable a sí mismo, ministros y secretarios. Aumento vital, por otra parte, debido a que los 3 mil pesos de salario hoy para un ministro resultan insuficientes para esa categoría de función y, lo más grave, ni siquiera explican el vestuario que algunos portan (los no pudientes, claro). Problemas que luego vuelven, como el sistema de «horas cátedra» atribuido a José Octavio Bordón en tiempos de Carlos Ruckauf y que hoy planean en la Justicia.
Esa vocación de servicio tan exigente y mal remunerada, comentaban casi admirativamente los jubilados de la Cancillería, podría semejar a los que se retiraron del Estado más pobres de lo que entraron, tipo Marcelo T. de Alvear, Santiago Derqui, Juan B. Justo, Elpidio González, Manuel Belgrano, por citar algunos nobles ejemplos. Como nadie hacía el diario oficial y se trataba de impulsar el día del contribuyente, más que agradecer los opinantes diplomáticos querían destacarse por la crítica. Y, en esa dirección, les parecía inocultable y apresurada la ambiciosa forma elegida por los funcionarios para proyectarse en política mientras ejercían un cargo, por cierto desembozo en la continuidad utilizando al Estado. Un juicio de contribuyente que se molesta porque un ministro no cumple -como un juez o un policíacon los requerimientos mínimos para su labor. ¿O acaso es inherente a la función pública tan anticipado ejercicio proselitista de secretarios y subsecretarios de Estado?
• Extensión
Y con esa impronta, comenzaron a desgranar el part time que despliegan los funcionarios, una lista que a simple vista ya parece un tanto extensa a más de un año de las elecciones legislativas, cuando determinados índices (pobreza, educación, trabajo) todavía revelan alarma.
• Aníbal Fernández, titular del Interior, quien a la manifestación por convertirse en gobernador de Buenos Aires le agrega una fuerte actividad en ese sentido en todo el ámbito bonaerense.
• Julio De Vido, a cargo de Obras Públicas, quien casi con una ambulancia recoge punteros porteños de todas las líneas peronistas ( combinando a la CTA con expresiones de derecha) para integrarlos no sólo a favor de Kirchner, sino también por un proyecto personal todavía no declarado. Organiza actos, hace discursos, produce reuniones hasta en su propia cartera.
• Rafael Bielsa: como las encuestas lo ubican con buena performance en la Capital, ya lanzó su propia banda para el concurso -con respaldo de otros colegas del área-y asiste a cuanta invitación política le formulan (cuando está en el país, obvio, lo que no es frecuente).
• Alberto Fernández, a cargo del equipo de ministros, otro que no sólo estimula agrupaciones y movimientos porteños, sino que concurre y participa de todas estas formaciones. Está claro que aspira a la Jefatura de Gobierno.
• Daniel Filmus, responsable de la educación, también incurre en cuanto proyecto político oficialista le proponen, aunque por el momento todavía no manifestó sus sueños personales, quizá por falta de pinet en el ejército kirchnerista.
Es cierto también que Roberto Lavagna aspira a lugares superiores en el futuro, pero sería injusto considerar que consume su tiempo laboral en los menesteres de candidaturas. ¿Tal vez porque se incorporará a una estructura ya montada por Eduardo Duhalde? Pero, al margen de suspicacias, la verdad es que se limita a su actividad ministerial. No es como el otro quinteto que hace escuela, al extremo de que los curiosos del CARI añadían casi al azar otros funcionarios que distraían su tiempo en asegurar, renovar o mejorar un cargo público que ejercitan a medias. A saber, el encargado de Comunicaciones, Guillermo Moreno, con fuerte dedicación al partidismo capitalino; o Marcelo Fuentes, de alto cargo en la Cancillería , quien tutela el ingreso santo al kirchnerismo (lo que supone consagración casi absoluta). Un hombre de la izquierda, Eduardo Sigal, también funcionario de Bielsa, se consagra al proselitismo como si no perteneciera al Estado. Lo mismo con oriundos de la propia Casa Rosada, figuras como Carlos Kunkel y, en menor medida, Dante Gullo, quienes a su tarea de viajar por el interior y el exterior, contactar gente e informar habitualmente a Kirchner, tratan de colar sus propias aspiraciones (Kunkel senador -o lo que fuera-en la provincia de Buenos Aires). Se podría incluir a Daniel Scioli, quien no falta a ninguna cita vinculada al ámbito porteño, Sergio Massa de la ANSeS, convertido ese centro en un juntapolíticos como el famoso PAMI. O Nicolás Trotta, quien además se queja de la vieja política y vive contratado por el Estado desde hace varios años.
• Ingenuidad
Como no son gente demasiado actualizada estos diplomáticos retirados y frecuentadores del CARI -especialistas también en diversificar tareas aunque cobraban por una sola-no pudieron inscribir otros y más nombres en esa nómina de ministros, secretarios y subsecretarios que, tal vez por la ingenuidad de la iniciación, quizá no responden con dedicación exclusiva a lo que le oblan los contribuyentes. Aunque sea poco, es cierto. El sacrificado hobby de la política personal, para los contribuyentes que ni siquiera disponen de un día en su homenaje, debiera ser practicado -como la temporada de caza-en determinados meses y, sobre todo, cuando no hay especies en extinción.
Dejá tu comentario