Otra vez, como si nadie le creyera, Eduardo Duhalde volvió a insistir: desde mayo «seré un político retirado». Quienes lo secundan lo miran con otra expectativa, sea por su propio interés de continuidad o debido a que algún guiño el propio Presidente les ha hecho. Inclusive, muchos de los tarifados gobernadores o ex que lo visitan le han preguntado por las próximas elecciones, bajo el criterio de que se les anoticie si se van a suspender así se toman vacaciones.
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Otros íntimos juran que Duhalde «no quiere» postularse, que no miente, pero que su batalla final pasa por arrastrar a Carlos Menem a su «retiro obligatorio». Como si hubiera sido elegido para decretar la fecha de las jubilaciones para determinados políticos. Por esa razón, explicaban, tortura al menemismo con promesas de reuniones, de acuerdos, de transacciones (por ejemplo, tonterías como decir que todo se resolvería si Menem retira a su candidato a vice y lo cambia por un hombre del duhaldismo).
Por más que Duhalde declare lo que declare -siempre con el aviso de lo bien que se recupera la economía-, su entorno parece desconfiarle. Y, la verdad, el propio mandatario agrega material para esa desconfianza. Por ejemplo, ayer, mencionó como si no le interesara la cuestión el tema de las internas justicialistas. «Tengo el olfato de que va a haber, me parece», sostuvo. Agregando: «Pero, como los dos finalistas de la elección nacional ya se sabe que son peronistas, quizás hasta valdría que todos los candidatos de nuestro partido vayan a la general sin pasar por internas». O sea, no potenciar a Menem.
•Drama
Más bien, como ya se encuentra vencido por falta de candidato para la interna, pasarla al orden nacional y, en todo caso, buscar un hombre -aun fuera del partidopara impedir la llegada del riojano. De ese modo, él y su esposa estarían en paz. Decía todo esto ayer antes de partir a Córdoba para alentar, de nuevo, las aspiraciones de José Manuel de la Sota, candidato que no levanta ni con levadura. Retomaba la visita porque tampoco se abre la alternativa con Néstor Kirchner: si bien a él le gusta el postulante sureño -ya que éste suele ser más lisonjero que De la Sota, lo que constituye un acontecimiento extraordinario de superación-, tambien admite que no hay dirigente peronista importante que le interese acompañar al gobernador de Santa Cruz.
Este drama de Duhalde, típico del inversor que no sabe en qué banco ubicar su capital, hace que su compañía bonaerense lo incite a no dejar la cancha y pelearle personalmente a Menem la candidatura. Pero él lo seguirá negando.
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