27 de enero 2003 - 00:00

Fantasías de Duhalde en su paso por Davos

Davos, Suiza (enviado especial) - ¿Creó en serio el país 800 mil puestos de trabajo nuevo en el último año? Eso por lo menos le dijo anoche Eduardo Duhalde, antes de salir de regreso al país (llega a primera hora de hoy), a un auditorio de más de 300 personas que fueron a escucharlo junto al financista George Soros, el gurú del otro sendero, el ensayista peruano Hernando de Soto, el economista de Mc-Kinsey Rajat Gupta y del ministro de Finanzas de Sudáfrica, Trevor Manuel.

Quienes creyeron haber entendido mal al Presidente se preocuparon más cuando escucharon lo que agregó: «Hemos creado un programa de ayuda a las familias, que llega ya a 2,2 millones de personas». Es decir que en aquellos 800 mil no entraban los planes Jefas/es de Hogar. Debió explicarle, por lo menos a Soros, que tiene siempre una mirada puesta sobre la Argentina, que esos 800 mil nuevo empleados (en realidad son 780 mil, según el INDEC, muestra publicada el 27 de diciembre pasado) son los que tienen alguna forma de contraprestación laboral a cambio de recibir el subsidio de Jefas/es de Hogar.

Raro este Duhalde que se despide del cargo con los fastos de los exitosos -como venirse a Davos, que es una sala de festejo de a quienes les va bien-y con esa elasticidad para disfrazar la realidad que tienen los que están en campaña, algo que niega insistentemente. En el speech el Presidente falló en una y acertó en otra. Calificó a la globalización, fenómeno social al que está dedicado esta cumbre desde que nació, como un complot de los poderosos contra los desvalidos.

•Imposición

Duhalde dijo que era algo que los países más desarrollados le habían impuesto a los menos desarrollados, una hipótesis de difícil demostración para explicar un fenómeno ligado a la dinámica de la tecnología.

Acertó cuando dijo que los «los países más industrializados no tienen en cuenta los intereses de los países emergentes o en desarrollo y están imponiéndole al mundo un doble estándar muy injusto», al pedirles una apertura económica que no practican en sus países. «Parece ser que hay un proteccionismo bueno y otro malo. En realidad, si queremos avanzar debemos coincidir en que en un mundo libre todos los proteccionismos son malos», remató el Presidente.

El resto de la pieza, de menos de cinco minutos, repitió la misma rutina de los discursos dados acá: que la Argentina vivió una depresión, no una recesión, que es un país tan especial que debe tener recetas propias, que los derechos a la seguridad jurídica de los acreedores son el mismo nivel de los jubilados y asalariados a los que Fernando de la Rúa les recortó 13% -algo que olvida el guillotinazo que fue la devaluación de su gobierno sobre todos los ingresos de la economía. Y el chiste que repite, con una sonrisa que termina comprometiendo la risa del auditorio, algo que nunca ayuda a un presidente: «En una semana en la Argentina tuvimos cuatro presidentes... Yo fui el cuarto», y arrancan las risas.

•Costos

Dramatiza con otro hallazgo de sus asesores: «Lo peor ya pasó». Duhalde apuró el final del panel porque lo esperaba su caravana de autos para regresar a Buenos Aires. Para esta intervención -la única en el plenario del Foro de Davosel Gobierno desplazó un avión presidencial hasta Zurich, movió cerca de 20 personas de séquito de acompañantes incluyendo a su propia hija.

Pobre rédito logra un presidente que se va y que viene a pedir disculpas por lo que pasó en su país, y más si debe gastar tanto dinero en hacerlo. Mostrar ideas de circulación barrial sobre el mundo en un escenario donde se intenta destilar ingenio y novedades no tiene justificación.

Salvo que Duhalde haya decidido darse esta despedida a todo lo grande pensando más en su persona que en el país.

Pudo entenderse que Lula hiriese la sensibilidad de sus votantes llegando acá para sentarse en esta capital provisoria del capitalismo que dice combatir. A lo mejor lo hace por su país.

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