Filmus, ideal periodístico de Cristina: perdió con Saramago
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Daniel Filmus salió mal parado en su entrevista televisiva a
José Saramago: del «Evangelio según Jesucristo» al «Periodismo
según Cristina».
Si Filmus, como obediente periodista cristiniano, no reaccionó, ¿no debió haberlo hecho al menos como Ministro de Educación? A continuación, advirtiendo (eso sí) el escepticismo de su interlocutor, le preguntó cómo combinaba esa postura con su labor de militancia por las causas justas (además de su adhesión al comunismo). Pero Saramago no abandonó el camino que había elegido.
«Aunque tengamos que esforzarnos en una ética, la destrucción es más fuerte. El crimen nos gobierna, y los gobiernos, pobrecitos, no pueden hacer nada», le respondió. «¿Cómo se limpia una sociedad que no quiere ser limpiada y que obtiene beneficios económicos gracias a eso? Hablamos de ética, de derechos humanos, sí, pero no sirve de nada. ¿Con quién vamos a hacerlo?Los gobiernos ponen parches, pero eso no cura la enfermedad. Los medios de comunicación no cumplen tampoco. Hacen notas y reportajes que suponen son los que le pide la sociedad. ¿Por qué se sienten obligados?»
Tras el triple cross a la mandíbula en su condición de político, hombre del kirchnerismo, educador y (en ese momento) periodista, Filmus lo llevó a un tema más específico (que también había escuchado el día anterior), el de las Madres de Plaza de Mayo y el perdón imposible.
Saramago reiteró su conocido concepto de la excesiva generosidad del cristianismo en materia de perdón («si yo fuera argentino, no perdonaría a los verdugos»), y de inmediato sobrevino el mayor sofocón de la noche.
Filmus, que también lo había escuchado hablar sobre su antigua profesión de técnico cerrajero, le preguntó (¿para posibilitarle alguna respuesta metafórica, quizá?) si ese oficio tuvo en su vida alguna vinculación con la literatura. Tal vez Borges podría haberle respondido que, salvo para los escritores de policiales de asaltos a bancos, ese conocimiento sobre cerraduras es baladí, pero Saramago fue más piadoso: «¿Vinculación? No, ninguna. Yo me tenía que ganar la vida. No hay que tener una vida ajetreada para ser escritor. Todo el universo cabe dentro del cerebro.»
La despedida podía haber tenido sus propios riesgos. Filmus, siempre recordando las frases de esos días, le preguntó por qué sentía que en Buenos Aires las horas pasaban más lentas. «No es algo matemático ni psicológico», le respondió Saramago. «Y no es la primera vez que eso me ocurre en Buenos Aires. Me da la sensación de que aquí la vida puede ser más larga. Cada vez que miro el reloj, siento que el tiempo avanza mucho más lentamente». Afortunadamente para Filmus, durante la entrevista no se lo vio a Saramago mirar el reloj.




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