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•Mansedumbre
•Objeciones
Rodolfo Terragno se atrevió a romper el tono monocorde de discursos políticos que le precedieron e incursionó en algunas objeciones técnicas. Por supuesto, reiteró la propuesta de atar el valor del peso a una canasta de monedas. Memoró que había formulado el mismo esquema en 1995 durante un debate con Domingo Cavallo y mencionó idénticas divisas, dólar, euro y real. «En aquel momento, el ministro descartó la idea, aunque 6 años más tarde intentó ponerla en práctica, excluyendo al real», golpeó.
Sólo innovó en materia de porcentajes. Le atribuyó a la moneda brasileña 40% y el resto en partes iguales entre euro y dolar. «Hoy, el peso tendría una cotización de 1,36 dólares, según este sistema», señaló. «Dentro de 1 año, el costo ascendería a 1,40», subrayó el ex jefe de Gabinete de Fernando de la Rúa.
«El éxito del nuevo régimen cambiario -argumentó Terragno-depende de la credibilidad de la nueva paridad, porque si dentro de 30, 60, 120 o 180 días se evaporarán los beneficios de la devaluación, y quedarán sólo los perjuicios que no son pocos». «No se puede sujetar el tipo de cambio a la provisoriedad que otorga un decreto», sentenció. «No podemos -concluyó con tono humanitario-dejar que a Túpac, como dijo Baglini, lo tironeen de las extremidades».
Las críticas apuntaron a la delegación de poderes en el Poder Ejecutivo. «No me opuse a delegar facultades a Fernando de la Rúa porque fuera radical», coincidieron en distintos tramos de la sesión las justicialistas Cristina Fernández de Kirchner (Santa Cruz) y Liliana Negre de Alonso (San Luis) que justificaron la negativa a levantar la mano para cederle poderes similares ahora a Duhalde, tal cual establece el proyecto. Se les acopló otra integrante del oficialismo, la salteña Sonia Escudero, y el kirchneriano Nicolás Fernández.
El bussista Walter sostuvo que «el gobierno propone un retorno a experiencias populistas que llevaron al caos a fines de los años '80, con controles de cambios y precios, y sustitución de importaciones. Aquí, los sufrimientos de la gente se deben a un capitalismo prebendario que mantuvo empresarios, burocracias sindicales y una casta política: los culpables de la crisis fueron protagonistas en los '70 y los '80 y, en algunos casos, siguen siéndolo en la actualidad», denunció sin dar nombres.
La solitaria frepasista Vilma Ibarra, que también se opuso, le agregó a este punto una fuerte moción contra el per saltum que habilita a la Corte Suprema a frenar cualquier violación al «corralito» avalada por tribunales de primera instancia. «La sociedad está reclamando que abramos un juicio político contra sus integrantes», pataleó la hermana de Aníbal Ibarra, devenida portavoz de los «cacerolazos».




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