Tal vez Néstor Kirchner no se equivoque cuando piensa que el eje principal de la política exterior de la Argentina durante su mandato debe ser el de la relación con el Fondo Monetario Internacional. Y que esa relación se arbitra, «in extremis», en el vínculo con el gobierno de los Estados Unidos. Estos criterios, que dominan por completo el enfoque internacional de Kirchner, serán gravitantes también en la Cumbre de las Américas que se realizará en Mar del Plata el 4 y el 5 de noviembre. Basta advertir en qué consiste la discusión en curso sobre el documento que se divulgará al cabo de esa reunión de los presidentes del hemisferio.
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El próximo viernes se celebrará en Buenos Aires el último encuentro del Grupo Revisor de la Implementación de las Cumbres (GRIC) anterior a Mar del Plata. Los diplomáticos que se sienten a la mesa, coordinados por el vicecanciller Jorge Taiana, deberán redactar la versión definitiva de la declaración que firmarán los jefes de Estado. El texto ha sido materia de controversias durante los últimos meses, sobre todo por algunos pasajes que son los que más le interesan a Kirchner: El santacruceño no debería quejarse ya que consiguió imponer el lema de la cumbre, beneficiado por su condición de anfitrión. «Crear trabajo para enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática» es la fórmula, imaginada por el propio Taiana. Por supuesto este título es, en sí mismo, motivo de controversias tan antiguas y amplias que no se resolverán en «La Feliz», al cabo de 48 horas de debate. ¿La falta de democracia puede ser un resultado de la pobreza? ¿O la pobreza es hija de la falta de democracia, es decir, de la falta de instituciones y leyes? Los redactores optaron por inclinarse, aunque levemente, por la primera tesis.
• Para Kirchner esta cuestióndel título es secundaria si se la compara con otra: el pasaje sobre la deuda pública. El cree haber marcado otro tanto en ese punto. El documento dirá que deben cumplirse los compromisos pero también que no hay una receta universal para tratar el problema y que el pago de la deuda no debería realizarse a cualquier costo en materia social. Por supuesto, en esta línea, ningún funcionario argentino hablará del « desendeudamiento» de Roberto Lavagna, consistente en pagar sin negociar: no vaya a ser que se terminen desatando sobre Kirchner las quejas de la izquierda « progre» latinoamericana.
• El tercer aspecto al que el Presidente miró con lupa en este escrito es el de la inversión pública. Kirchner quiere que en la declaración de Mar del Plata se afirme que la inversión en infraestructura no debe ser considerada un gasto a la hora de calcular el déficit o el superávit fiscal de un país. Es un viejo reclamo de Kirchner ante el Fondo Monetario Internacional en el que, en su momento, intentó involucrar al brasileño Lula da Silva. Ahora la cuestión es más urgente, a medida que el programa financiero de Lavagna encuentra nuevas dificultades.
Estas «picas en Flandes», literarias y retóricas, ¿deben ser entendidas como subliminales desafíos al gobierno republicano de George W. Bush? No en sentido estricto. Al menos en el caso de Kirchner,-lo que se pretende es que Bush refrende con su autoridad estos criterios para hacerlos valer en la discusión del programa con el FMI. Si lo logra, el santacruceño hará flamear el papel de Mar del Plata con la misma exaltación con que salió a divulgar, hace ya dos años, durante su primera visita a Washington, que el colega norteamericano lo había alentado a pelearse con el Fondo en la negociación de la deuda.
• Trofeos
Por su parte, el presidente de los Estados Unidos pretende llevarse de Mar del Plata un par de trofeos. Desde luego, una declaración contra el terrorismo que resulta fácil congeniar con los demás mandatarios del continente. Pero Bush también quiere que el resto de los colegas del continente le firmen un respaldo al Area de Libre Comercio (ALCA), lanzado por Bill Clinton en la primera cumbre de Miami de 1994, sin demasiado éxito: en aquel momento se pretendió inaugurarlo en enero de 2005. No sucedió, como es obvio.
Los representantes del venezolano Hugo Chávez hicieron saber ya que no firmarán ningún párrafo que avale el ALCA. «No queremos siquiera entorpecer las discusiones», aclararon los diplomáticos bolivarianos a sus colegas de Latinoamérica. Pero los brasileños no adoptaron la misma conducta: ellos quieren suscribir un documento que no hable del ALCA, cuya defunción se atribuyen con orgullo.
Claro, si no se hablará del ALCA, tal vez tampoco se escriba una palabra sobre acceso a mercados. Es una cuestión más que inquietante por el momento en que se realizará la cumbre: entre el 13 y el 18 de diciembre se realizará en Hong Kong la VI Conferencia Ministerial de la OMC, de la que tal vez se pueda esperar -con más realismo que de todas las anterioresuna liberalización del comercio internacional sobre todo de productos agrícolas, por la eliminación de subsidios. Mar del Plata podría ser un antecedente político de lo que suceda allí, si es que se consigue la firma de Bush para un documento que favorezca a los países productores de materias primas. Pero Washington no aceptará que se hable de libre mercado sólo parcialmente ya que para los Estados Unidos libre comercio, en Latinoamérica, significa ALCA.
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