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Le contaron al mandatario la historia, que arranca con la madre de «Lupina», como cariñosamente llaman a Cristina Kirchner, la esposa del gobernador. «Vivían en Ringuelet, cerca de La Plata, y la señora trabajaba en AERI. Como la chica era despierta y estudiaba derecho, la emplearon en el gremio. Al cabo de unos meses llevó a su 'filito', 'Lupín' (Néstor Kirchner), que cursaba con ella en la facultad.» Tradición gremial y peronista de nepotismo a la que han adherido con contumacia los Kirchner.
El cuento hacía cabecear a Duhalde, no lo distraía. Hasta que quedó involucrado: «Un día, el pobre Fotios que les había dado trabajo, advirtió que la parejita le había armado una lista en contra y que cada vez que venía un delegado por un trámite se lo daban vuelta. Lo traicionaron y le quisieron destruir la organización. Todavía los recuerda el pobre Fotios que tuvo que apelar a toda la artillería del sindicato para sacárselos de encima».
Al Presidente no le gustó el episodio, sobre todo porque parece un espejo que adelanta. Sobre todo cuando, en broma y con cariño, en vez de llamarlo «Negro» le dicen «Fotios».
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