«A diferencia de la Argentina, la izquierda uruguaya ejerció una oposición muy seria, con lealtad institucional y una gran responsabilidad política. Pese a la crisis, en Uruguay no ha habido conmoción social, no hubo muertos ni heridos. Todos juntos intentamos superarla, a diferencia de la Argentina.» Esto dijo Tabaré Vázquez en una entrevista publicada el lunes por el diario español «El País». Se comprende su fuerte necesidad de diferenciarse de la izquierda argentina, algo que -tal veztodavía sorprenda a algún despistado aquí. Es que, en efecto, el Frente Amplio se fue construyendo según el modelo del Partido de los Trabajadores de Luiz Inácio Lula da Silva, mediante la unión de grupos menores, siempre dentro de los límites del sistema y, recientemente, con una lenta pero persistente inclinación al centro ideológico. Tanto es así que el propio Vázquez aceptó con corrección quedarse a las puertas del poder en 1994 y 1999, sobre todo en la segunda ocasión, cuando había ganado la primera vuelta con 38,5% de los votos y resultó relegado en el ballottage por una alianza entre los partidos tradicionales, Colorado y Blanco.
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Todo lo contrario a lo hecho en nuestro país por una izquierda facciosa, que sigue soñando con un mundo que ya no existe y que -como muestra en su renovada versión de piqueterismoatenta continuamente contra las reglas de la democracia, calificándola despectivamente como burguesa y, en el mejor de los casos, aceptándola apenas como un mal necesario para llegar a un paraíso tan utópico como dudoso. Informate más
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