Arturo Frondizi compartió la época de los grandes estadistas de la década del '60 como no se daba desde la Segunda Guerra Mundial. Se entrevistó con Conrad Adenauer, canciller de la entonces Alemania Occidental; con Charles de Gaulle y con John Kennedy, entre otros.
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El otro aspecto por el cual se erige a su nuevo valor la figura de Arturo Frondizi es porque al encarar su segunda presidencia Carlos Menem dejó de ser tan iridiscente por banalidades, corrupciones y ambiciones, que hacía saltar su eventual proyección hasta a Julio Roca.
Vigo Leguizamón es un abogado santafesino que nace prácticamente cuando Frondizi fue derrocado por los militares, en 1962. Reúne o selecciona un material valioso pero lo anarquiza bastante en remembranzas de otros pasados, con personajes de su inventiva, con fotos religiosas y casas antiguas que no tienen relación y sólo sirven para incluir color en las páginas. Conviene ir primero al final del libro para identificar las iniciales de quienes son transcriptos porque el autor es confuso.
Quizá la mitad del libro, la de los devaneos, sea descartable. El resto es muy valioso. Está bien seleccionado el pensamiento directo de aquel presidente en definiciones claras de sus discursos. Hay frases de Félix Luna e inclusive de John Kennedy dignas de haber sido rescatadas. Hay explicaciones que Vigo Leguizamón, por su edad, debió absorber de otros. También incluye su obra un reportaje imperdible -tal vez lo mejor del libro junto con la descripción de los contratos petroleros suscriptos- de Oscar Camilión sobre qué quería y cómo actuaba Frondizi.
Si el lector selecciona se lee rápido y se aprende. Las deducciones de qué haría hoy Frondizi si fuera presidente en lugar de Néstor Kirchner son algo más discutibles aunque están razonables (directamente Ricardo López Murphy aportó bastante en el libro aunque moviéndose dentro de su característica de no ahondar los conceptos). Por otra parte no es difícil deducir las diferencias porque en algunos temas son abismales. Frondizi jamás circunscribiría el país a vivir de los commodities para volcar la gran ganancia actual desde el sector externo y de continuidad no asegurada a subsidios quizás efímeros sino que desarrollaría industrias de base y especializadas para exportar, no sólo circunscribirlas al mercado interno con protección arancelaria y cambiaria. Pero fundamentalmente lo dicho: es un libro para entender a Frondizi y sus ideas, que fueron realmente de un estadista.