28 de enero 2002 - 00:00

Fuerte protesta sin saqueos

El ruido de las cacerolas volvió a expresar el viernes en distintos puntos del país el malestar por las medidas económicas puestas en práctica por el gobierno de Eduardo Duhalde. Cientos de vecinos y activistas volvieron a salir a las calles y batir las cacerolas para repudiar el «corralito» financiero, a los dirigentes políticos y a la Corte Suprema de Justicia.

La fuerte lluvia que se desató resultó un bálsamo salvador para la gestión de Duhalde ya que desactivó sobre la medianoche la protesta, después de que alrededor de 8 mil personas fueran ocupando la Plaza de Mayo para expresar su enojo contra la política oficial.

El tan temido «viernes negro» en que podía convertirse la protesta multitudinaria (según las expresiones que dejaron trascender durante las horas previas los funcionarios de gobierno) dejó paso a manifestaciones pacíficas pero enérgicas en la Capital Federal y en el interior. En la evaluación del gobierno, asistió la mitad de participantes de los que realizaron el cacerolazo bajo el gobierno de Adolfo Rodríguez Saá. A Duhalde, además, lo calmaron con una encuesta que dice que sólo 8% de la gente se quejó en las plazas de su gobierno.

Sólo se registraron episodios de violencia sobre el final de la manifestación, cuando activistas provistos de bombas molotov y gomeras atacaron a los efectivos de seguridad apostados en una amplia zona del microcentro porteño: hubo 68 detenidos, 10 policías y 8 civiles heridos. No se registraron ataques a entidades bancarias ni roturas o saqueos de comercios.

«Somos trabajadores que venimos a defender el futuro de nuestros hijos y no a generar disturbios»
, señaló uno de los manifestantes, que caminó golpeando su cacerola desde su barrio hasta la Casa de Gobierno.

«Si llueve, si llueve, el pueblo no se mueve»
, gritaban los vecinos en medio de un torrencial aguacero.

Como en los anteriores cacerolazos, las quejas tuvieron un fuerte tono político. En especial los manifestantes apuntaron su cuestionamiento a la legitimidad del presidente Duhalde, designado en ese cargo por la Asamblea Legislativa.

Tampoco faltó el fuerte rechazo al denominado «corralito» financiero que mantiene encerrados los ahorros de miles de argentinos. Tanto las sedes del gobierno como la del Congreso y la avenida que las comunica fueron fuertemente custodiadas por la Policía, que colocó múltiples vallas para prevenir eventuales brotes de violencia.

Dos datos interesantes: uno fue la poca adhesión que concitó una columna encabezada por las Madres de Plaza de Mayo. Esta ingresó en la Plaza, luego se ubicó a la derecha de la manifestación y posteriormente se trasladó a la izquierda. Pocos se sumaron y así como llegaron se marcharon. No hubo aplausos generalizados y sí
algunos comentarios molestos sobre su presencia.

• Incidentes

La manifestación tuvo en todo momento una actitud pacífica, pero durante la desconcentración un grupo de personas se enfrentó con la Policía.

Fuentes policiales revelaron ayer que, de los detenidos en el cacerolazo del viernes pasado, veinte por ciento tiene antecedentes. Nueve de ellos, por delitos contra la propiedad; dos, por drogas; uno tiene pedido de captura; y otro, antecedentes por delitos contra las personas.

Además, según las fuentes, muchos de los detenidos fueron arrestados en anteriores manifestaciones, por daños contra edificios históricos y públicos.

«Había grupos infiltrados que cuando vieron que la manifestación terminaba abruptamente por la lluvia decidieron actuar y producir lo que produjeron. La intención de la Policía fue impedir que este tipo de actos de vandalismo creciera y derivara en situaciones más peligrosas»
, le dijo a este diario el vocero de la Federal, comisario Daniel Rodríguez.

Según señalaron fuentes judiciales, en una de las filmaciones
«se ven seis minutos de intensa pedrea de un grupo de jóvenes contra personal policial, que habría dado origen a los primeros gases lacrimógenos».

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