La primera vez del G20 en Argentina (y en América Latina) estuvo plagada de bilaterales, ministeriales, reuniones de grupos de afinidad, encuentros de sherpas, agenda de cónyuges, una gala, y un megaoperativo de seguridad. Sin embargo, y más allá de la superficie, pese a su magnitud la Cumbre no pudo barrer bajo la alfombra los conflictos nacionales ni internacionales.
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G20 en Argentina
"Estamos poniendo a Argentina en un lugar relevante en el mundo". Así, con estas palabras, el primer mandatario Mauricio Macri asumía hace un año la presidencia pro tempore del G20. Desde la Ballena Azul del Centro Cultural Kirchner (CCK) y ante la mirada atenta de un auditorio compuesto por integrantes de la Corte Suprema, legisladores, y embajadores de los países miembros, el primer mandatario prometía que estábamos listos para "dar de comer a 400 millones de habitantes de todo el mundo".
Luego de las palmadas en el hombro de la plana internacional, un Macri envalentonado remarcaba que el bloque debía actuar "creando consensos básicos, consolidando la cultura del acuerdo" y remarcó que su "gran meta nacional" era "reducir la pobreza".
Pero desde ese 30 de noviembre a hoy, "pasaron cosas". Para empezar, aquel día de 2017 el dólar cerraba a $17,55. En tanto, la inflación consolidaba uno de los meses más bajos del año (1,4%) aunque con un acumulado de 21%, e INDEC anunciaba que el índice de pobreza se situaba en 25,7%.
Al momento de escribir esta nota, el dólar está cerca de los $ 40, y el Banco Central fija una nueva ruta para la divisa que podría llevarla a rozar los $51 en marzo de 2019. La última medición de inflación oficial (noviembre) fue de 3,2%, con un acumulado de 43,9%. Respecto a los datos de pobreza, INDEC anunció que fue de 27,3% para el primer semestre del año, y el Gobierno anticipó que los próximos meses serán peores, poniendo en jaque sus intenciones electorales.
Así y todo, esas no fueron las únicas cifras relevantes que atravesaron el G20 en este 2018. Además de la presidencia del bloque, el año será recordado por ser aquel en que el país volvió a acudir al Fondo Monetario Internacional (FMI), por un monto total de u$s 56.300. Fue con motivo de la tercera Ministerial de Finanzas que la titular del organismo, Christine Lagarde, arribó al país en su primera visita tras el acuerdo stand by. En ese marco, ofreció una conferencia de prensa junto al Ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, en la que dio su bendición a la política económica local. “Las autoridades van en el buen camino”, aseguró.
Además de la Cumbre de Líderes, las Ministeriales de Finanzas fueron sin duda de los eventos más importantes del G20. Desde la primera (marzo) del año hasta el último encuentro de los ministros (noviembre) los funcionarios y la prensa internacional que visitaron el país tuvieron que ponerse al día con los cambios locales en materia económica.
La llamada "foto de familia" de cada una de las Ministeriales fue distinta. El año empezó con Federico Sturzenegger al frente del Banco Central. La tercera cumbre de Finanzas marcó el debut de Luis Caputo. Bali, sede la cuarta Ministerial, contó con la presencia de Verónica Rappoport, quien viajó en reemplazo de Guido Sandleris.
Sin duda alguna, la visita de los líderes del mundo fue hasta ahora el mayor logro del gobierno de Mauricio Macri al frente del G20. Como era de esperarse, la coyuntura internacional se coló en cada una de las ministeriales y en la propia Cumbre de Líderes. La denominada guerra comercial, el debate en torno a los aranceles al acero, las empresas estatales, el cambio climático y los refugiados, dominaron la escena en casi todas las oportunidades, a tal punto que cabe preguntarse si no fueron esos los verdaderos ejes para este año. Y es que acaso, ¿alguien se acuerda, pese a que fueron repetidos incontables veces los tres ejes oficiales?
El “Futuro del Trabajo”, “Infraestructura para el Desarrollo” y “Seguridad Alimentaria”. Esos fueron, o debían haber sido, los principales temas en los cuales los gobiernos del G20 tenían que debatir y arribar a consensos y, en el mejor de los casos, soluciones. Las autoridades nacionales los ratificaron en varias oportunidades, pero a raíz del escenario económico local, las ambiciosas metas pasaron a un segundo plano y el objetivo central fue que la Cumbre se convirtiera en el ansiado, esperado, y también un poco olvidado “segundo semestre” y trajera la prometida lluvia de inversiones.
En una crisis económica admitida por el propio Gobierno, y plagada de metáforas climáticas desde lo discursivo, esta lluvia, se sabe, no será inmediata. La Cumbre dejó un resultado de intención de inversiones internacionales por u$s 8.000 millones. Será clave la evolución del acuerdo con el FMI, y sobre todo, el escenario electoral 2019, para sentir el impacto en la economía real.
El desorden del orden mundial
Año y medio atrás, Hamburgo se incendiaba literalmente mientras culminaba a puertas cerradas la agenda del G20. Cuando decenas eran detenidos en las calles, los líderes de los países miembros endurecían su brecha interna en momentos en que se desataba la "guerra comercial" entre Estados Unidos y China, y el país que preside Donald Trump borraba de un plumazo los consensos alcanzados en el Acuerdo de París.
Desde entonces, el multilateralismo ha sido ratificado por cada uno de los líderes en forma pública, pero sin embargo, ese sistema de comercio evidencia tensiones difíciles de esconder. Un último informe de vigilancia de la Organización Mundial de Comercio (OMC) sobre las economías del G20, señaló que pese a su prédica a favor del multilateralismo, los países miembros aumentaron sus medidas de restricción a las importaciones, que alcanzaron un nivel sin precedentes.
Los "problemas" que el G20 mencionó en su texto final no son nuevos. Si bien esta vez no se habló de proteccionismo y se evitó toda condena al mismo, los países miembros acordaron una reforma de la Organización Mundial de Comercio (OMC), aunque no dieron detalles acerca del cómo. La tarea quedará para hacer en Japón, que será anfitrión del grupo en 2019.
Argentina ha sido sin duda testigo de una de las cumbres más calientes del G20. Ya lo anticipaba en 2017 la cumbre de la OMC, que también se llevó a cabo en el escenario local. En esa oportunidad, la falta de un acuerdo final ratificó que los organismos internacionales atravesaban una crisis acerca de su función como órganos de resolución de conflictos y, pese a que abogaban a viva voz por el multilateralismo, no podían controlar algunos países miembros en la defensa de este sistema de comercio.
Ahora, el tono de la polémica bajó un poco, pero no tanto. La Cumbre de Líderes osciló entre las declaraciones que los funcionarios hacían puertas adentro, y las que vertían en las redes sociales. Tal es así, que el evento no había comenzado y ya sucedía el primer cruce, cuando la vocera de Donald Trump, Sarah Sanders, sostuvo que en la bilateral con Mauricio Macri ambos mandatarios acordaron "enfrentar los desafíos regionales" entre ellos "la actividad económica depredadora de China". Poco importó que el Gabinete argentino saliera a desmentirlo. El escándalo ya estaba desatado.
La mesa chica de las negociaciones mundiales evidenció consensos y acuerdos para la audiencia, mientras que cada vez comparte menos puntos en común hacia su interior.
Es en el propio corazón del G20 donde se manifiesta la crisis del orden mundial: todo se está redefiniendo, incluso los bloques internacionales, que funcionan como un espejo de las crisis de los Estados que los componen.
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