El diputado peronista Humberto Roggero admitió ayer que «hay violaciones a los derechos humanos en Cuba». Se trató de una verdadera sorpresa, no sólo porque el jefe del bloque de Diputados PJ se reivindica como un hombre de la causa nacional y popular, sino también porque hizo esa declaración desde La Habana, en víspera de una cita de él y otros parlamentarios argentinos con Fidel Castro.
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El pronunciamiento de Roggero, que sus voceros en Buenos Aires trataban de moderar, se produjo también a horas de que la comisión de Derechos Humanos de la ONU considere la situación política en la isla. La votación en esa dependencia internacional está prevista para mañana. Aún cuando el gobierno argentino no reveló qué actitud adoptará -se trata de una precaución para cuidar el frente doméstico, ya que Raúl Alfonsín y Carlos Chacho Alvarez promueven la abstención-, se supone que seguirá una línea crítica hacia el régimen castrista. El canciller Adalberto Rodríguez Giavarini, al ser consultado la semana pasada sobre la postura que adoptará el gobierno ante la nueva instancia de votación, se limitó a reproducir las palabras del Presidente respecto de que «lo hecho bien hecho está».
El vocero presidencial, Ricardo Ostuni, aseguró que el gobierno tiene «en estudio la definición» del voto y sostuvo que «probablemente» en las próximas horas tenga «un panorama claro, no sólo de cómo va a votar sino también de qué manera va a expresar su voto». La Comisión de Derechos Humanos de la ONU, reunida en Ginebra desde el 19 de marzo pasado, concluirá sus actividades el 27 de abril.
El alfonsinismo y el Frepaso sostienen un punto de vista filosófico, según el cual -de equipararse la negación de derechos civiles a los humanos-habría que emitir un voto de censura contra Irán, China y otras naciones, además de Cuba. En las últimas semanas, los cubanos desplegaron un indisimulable lobby en el Congreso en busca de legisladores nacionales dispuestos a frenar una eventual embestida de la Cancillería criolla contra la isla.
La chance de un voto argentino en contra de La Habana despertó la reacción testimonial de un grupo de diputados encabezados por el socialista Alfredo Bravo, quienes en un documento manifestaron su oposición a «un voto punitivo» y destacaron su «solidaridad con los pueblos hermanos de América latina y El Caribe».
El grupo legislativo que, entre otros, integran los legisladores Héctor Polino, Alicia Castro, Juan Domingo Zacarías y Marcela Bordenave hicieron llegar una carta a De la Rúa en la que le solicitaron que el país «no vuelva a votar a favor de una condena a Cuba».
La posible repetición de un voto condenatorio de la Argentina -tal como ocurrió en la votación del año pasado-generó una crisis diplomática con Cuba y diferencias en el seno de la Alianza. La crisis se desató cuando Castro, en una arenga política, acusó a quienes siguen la línea condenatoria de los Estados Unidos de ser «lamebotas de los yanquis», lo que provocó el inmediato retiro del embajador argentino en la isla. Ayer, el embajador cubano en Buenos Aires, Alejandro González Gaiano, cuestionó la representatividad de Fernando de la Rúa. «¿A quién representa este gobierno, que ganó las elecciones sobre la base de una Alianza, cuyos referentes fundamentales de sus propias bases están en desacuerdo con respecto a este voto contra Cuba?», se preguntó el diplomático caribeño en declaraciones radiales.
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