Gobierno e izquierda pagan el final feroz en la Plaza
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Estela de Carlotto
• Planteo
La dirigente de Abuelas -que no participó de las negociaciones previas- levantaba el planteo de su organización y otros sellos para que sólo se leyera la Carta Abierta a las Juntas Militares, escrita por Rodolfo Walsh y difundida el 24 de marzo de 1977, un año después del golpe.
Esa opción, con matices, defendían la APDH, HIJOS (Capital),Familiares de Desaparecidosy Detenidos, Madres Línea-Fundadora de Nora Cortiñas-, el partido Encuentro por la Democracia de Martín Sabbatella y hasta el SERPAJ de Pérez Esquivel, que convocaron a la marcha, pero no firmaron el documento.
Lo del premio Nobel de la Paz merece observarse. Al principio, cuando comenzó a armarse tres meses atrás la marcha, hasta prestó su casa de la calle México para que se reúnan los organizadores. Fue, además, uno de los promotores de montar un acto « independiente» al gobierno.
La lapicera cambió de manos: Adriana Calvo quedó como nexo, secundada por Diana Kordon, psicóloga que asesoró a Hebe de Bonafini y se vincula al Partido Comunista Revolucionario (PCR), brazo de la piquetera Corriente, Clasista y Combativa (CCC) de Juan Carlos Alderete.
Fue la vía de entrada, entonces, para que el eje temático de la exposición del viernes enfocara sin eufemismos contra el gobierno, imputándole manosear la cuestión de los indultos y hasta ser el gobierno constitucional desde 1983 con mayor cantidad de presos políticos.
Pero hasta Pérez Esquivel, promotor de una línea crítica contra Kirchner -plantea «proteger los derechos humanos de hoy», postura compartida por la mayoría- decidió dar un paso al costado cuando la ola hipercrítica se apoderó del discurso.
Lo mismo hizo la CTA, tras una pulseada entre el ala opositora al gobierno que capitanea Víctor De Gennaro y los pro Kirchner comandados por Luis D'Elía y Edgardo Depetri, debate que recrudecerá esta semana durante el Congreso nacional de la central.
Ni la CTA ni Pérez Esquivel firmaron el texto que, con repertorio del manual del ultraizquierda criollo, luego naufragaba hasta reclamar la libertad de «cinco patriotas cubanos» detenidos en EE.UU., denunciar el uso de fósforo blanco en Faluya, Irak, y exaltar la «heroica resistencia del pueblo iraquí».
Esos extremos inoportunos fueron los que terminaron por espantar a los críticos moderados -Pérez Esquivel, Cortiñas, etc.- y dejaron en poder de los «duros» del Partido Obrero y el MST, entre otros partidos de izquierda, el manejo operativo de la marcha.
Poco contribuyó una amenazadeslizada por voceros del gobierno de mandar a desarmar escenario y equipo de sonido pagados para la vigilia de Bonafini del jueves y que el viernes se usarían para la lectura de la Carta Abierta y el «documento político» tras la marcha.
«No se olviden de hacer el aporte (económico). Es muy probable que debamos alquilar palco y sonido», circuló la noche del viernes luego de que trascendió en el teatro Bambalinas -donde se reunían los organizadores- el mensaje que la Casa Rosada envió vía intermediarios.
Embretado en su propia interna, el kirchnerismo no supo reaccionar. El dúo Jorge Ceballos y Humberto Tummini, de Barrios de Pie y Patria Libre, quiso ocupar el frente del escenario con el propósito -no alcanzado- de defender al gobierno en una plaza hostil. Lo demás lo mostró la TV.




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