El Congreso tiene la función de aprobar o rechazar las cuentas del Estado cada año. No es una tarea que agrade a muchos legisladores,pero ahora deberán enfrentar el análisis de lo que sucedió durante el gobierno de la Alianza.
Después de la tormenta política que vivió el Congresoen los primeros seis meses de este año -con la votación de la reforma al Consejo de la Magistratura, la reglamentación del control de los decretos de necesidad y urgencia y la ley de superpoderes-, sólo dos o tres temas convocarán la atención de las cámaras hasta la llegada del proyecto de Presupuesto nacional 2007.
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Esta semana comenzará a discutirse una de esas cuestiones estratégicas: el análisis de la Cuenta de Inversión de los años 1999 y 2000 dentro de la Comisión Mixta Revisora de Cuentas. En otras palabras, significa que llegó el turno de la revisión por parte del Congreso de los informes que elaboró la Auditoría General de la Nación sobre la ejecución de gastos durante el último año del gobierno de Carlos Menem y el primero de Fernando de la Rúa.
Eso no significa que el Parlamento haya terminado con su función de contralor de los gastos de todos los años anteriores: de hecho, las cuentas de 1994 a 1996 -los años más complicados del gobierno de Menem, cuando se liquidó buena parte de los ingresos por privatizaciones- no sólo no se trataron, sino que posiblemente no se traten nunca ya que el oficialismo sostiene que perdieron estado parlamentario después de haber sido aprobadas en el Senado y pasado más de tres años en espera en Diputados sin que nadie quiera hacerse responsable de esos números.
Período complicado
Pero en los hechos, la Mixta Revisora de Cuentas, que preside el santafesino Oscar Lamberto, llegó ahora al análisis del período más complicado de los últimos años: el inicio de la crisis.
Esta suerte de «juicio de residencia» -como denominaban los españoles al examen que se le hacía al funcionario colonial al terminar la gestión- sobre las cuentas de cada gobierno tendrá un agregado especial: 1999, 2000 y, en poco tiempo, 2001 serán sin duda los años más complicados de analizar después de los cuestionados de la era menemista.
De esos tres períodos, sin duda, 2001 se llevará toda la atención. Y no por las diferencias que pueda haber en la ejecución de las cuentas, sino por el efecto que produjo en el presupuesto la crisis terminal de De la Rúa y luego la devaluación.
¿Que se espera, entonces, de la discusión? En medio de la temporada preelectoral, habrá una autopsia pública de la mayor parte de las políticas que aplicó el gobierno de la Alianza. Por ejemplo, recomiendan poner especial atención en la situación patrimonial de los bancos oficiales por esa época.
Otro tema imperdible de esa discusión serán los gastos reservados. En general, la discusión sobre los fondos reservados pasa como una cuestión casi lateral en el análisis de las cuentas de inversión de cada año. Es así porque técnicamente en la rendición que el gobierno presenta y luego analiza la Auditoría, esos fondos aparecen como una partida global, sin especificar para qué se utilizaron.
Debate duro
La función de investigarlos la tiene desde hace poco tiempo otra Comisión Bicameral que debe recibir la información directamente del Poder Ejecutivo y analizar esos gastos en forma secreta. De todas formas, el debate de esos fondos en la Mixta Revisora de Cuentas promete ser duro.
Al mismo tiempo, esa Bicameral deberá decidir el futuro de otro tema: el informe de Auditoría sobre la ejecución de los fondos fiduciarios. En el Congreso creen que la complicada cuestión -el informe es crítico y hasta recomienda una denuncia sobre el manejo reciente de algunos de ellosterminará con un pedido de informes al Poder Ejecutivo, por lo que no habría una denuncia especial desde la comisión, algo imposible de pensar hoy.
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