20 de diciembre 2001 - 00:00

Gobierno intenta último pacto con PJ

Raúl Alfonsín le propuso a Fernando de la Rúa, ayer, que haga renunciar a todo el gabinete para armar otro en el que esté comprometido también el peronismo. Esa sugerencia fue la salida más elegante que encontró el ex presidente para reclamar a De la Rúa el desplazamiento de Domingo Cavallo del Ministerio de Economía. Sin embargo anoche, en la Casa Rosada, la idea de Alfonsín avanzó más seriamente de lo que supuso su propio inspirador cuando la formuló: varios ministros comenzaron a tejer un pacto político que vaya más allá de la aprobación del presupuesto nacional y llegue a expresarse en una especie de cogobierno con el PJ. Parte de esa operación fue la renuncia de todo el gabinete, destinada sobre todo a promover la de Domingo Cavallo, quien resistió con uñas y dientes hasta la madrugada. De la Rúa dejó para hoy la reformulación del equipo pero anoche dispuso que el reemplazante del cordobés sería Chrystian Colombo, lo que abrió el enigma sobre la identidad de un nuevo gabinete. La salida de Cavallo fue disparada por la impresionante pueblada porteña que se verificó anoche. También se decidió antes de que el Congreso, casi por unanimidad, le arrebatara la cabeza del ministro al gobierno, operación que se preparaba para hoy mismo. El propio De la Rúa trató de frenar esta cadena de hechos hasta última hora de anoche y se empeñó en mantener sus rutinas: decidió ratificar su viaje a Montevideo para asistir hoy a la cumbre de presidentes del Mercosur -lo que dejará al frente de una situación complicada al peronista Ramón Puerta-y hacer participar a Cavallo de todas las reuniones del gobierno. También convocó para hoy a las 15 a todos los gobernadores para analizar el estado de sitio.

Las reuniones de De la Rúa con parlamentarios de la UCR fueron dos. Por la mañana recibió a Raúl Alfonsín y al presidente del bloque de senadores, Carlos Maestro, con quienes se analizó la posibilidad de agregar recursos a los programas de asistencia social. Las noticias sobre saqueos y hechos de violencia callejera ya enrarecían el aire. Maestro, además, informó sobre una reunión que había mantenido a primera hora con representantes de las empresas Arcor, Loma Negra, Pérez Companc y Fate-Aluar. Los ejecutivos habían concurrido al Senado para reclamar la rápida aprobación del presupuesto. De la Rúa se mostró interesado en la información y no anunció que él mismo había inducido a esos empresarios a presionar a la Legislatura: el sábado Luis Pagani, Alejandro Bengolea, Oscar Vicente y Miguel Madanes participaron de una reunión secreta en Olivos en la que el Presidente y Cavallo les expusieron su estrategia parlamentaria para cumplir con compromisos internacionales.

• Tensión creciente

Mientras se desarrollaba este primer contacto de De la Rúa con dirigentes de la UCR comenzó a percibirse que la tensión social crecía y ganaba rápidamente los medios de comunicación. Se insinuó la idea del estado de sitio pero Alfonsín y Maestro regresaron al Senado.

Al cabo de dos horas y luego de varios contactos con el Ejecutivo, estos dos senadores pidieron un encuentro de urgencia con José Luis Gioja, el presidente del bloque peronista de la Cámara alta. Con el sanjuanino hablaron de la necesidad de decretar el estado de sitio y de la conveniencia de que Cavallo abandonara el poder en homenaje a un acuerdo político. Con ese mensaje Alfonsín decidió volver al despacho del Presidente: lo hizo acompañado de nuevo por Maestro, por el presidente del bloque de diputados, Horacio Pernasetti, y por la senadora Miriam Curletti.

Al llegar a la Presidencia, el ex presidente y su equipo percibieron las dificultades: se cruzaron con un hijo de De la Rúa -la peor señal para Alfonsín-y, al ingresar al encuentro, divisaron a Cavallo sentado junto a los demás ministros presentes, es decir Colombo, Héctor Lombardo, José Dumón, Nicolás Gallo y Hernán Lombardi. Fue en ese momento que los legisladores decidieron elevarse sobre el pedido de decapitación del ministro de Economía para pedir una renuncia en masa que permitiera la del cordobés, la única importante.

De la Rúa los escuchó como una esfinge. Se mostró tranquilo y enigmático y apenas sostuvo: «Lo voy a analizar».

A partir de esa definición y como sucedió siempre en las grandes encrucijadas, el entorno del Presidente se dividió en dos. El circuito más íntimo, que integran sus hijos, Lombardi, Darío Lopérfido, Lautaro García Batallán, etc., pretendía un acuerdo con el PJ que permitiera sacar el presupuesto para, recién después de ese gesto de buena voluntad, encarar algún tipo de apertura en los cargos de la administración.

En cambio los hombres del gabinete más ligados al partido -Colombo, Horacio Jaunarena, Gallo, Dumón, Baylac, etc.- se convencieron de que el Presidente debía actuar rápidamente expulsando a Cavallo y reorganizando su esquema de poder en consonancia con el peronismo.

Esa estrategia no fue teórica sino que se llevaron adelante varias iniciativas en ese sentido. Por un lado, se tendió un puente con Ramón Puerta para conseguir que el Senado se convierta en cámara de inicio para el tratamiento del decreto de estado de sitio. Puerta, igual que Gioja, pidió que la iniciativa tuviera el visto bueno de los gobernadores, sobre todo los de las provincias más envueltas en episodios de violencia o desborde.

• Gobernadores

Por eso, por otro lado, se realizó una ronda de conversaciones con los mandatarios del PJ. Concretamente, Colombo dialogó, entre otros, con José Manuel de la Sota, Carlos Reute-mann y Rubén Marín, que serían los principales protagonistas de una mesa de concertación de emergencia tendiente a sostener a un nuevo gabinete de crisis. Enrique Nosiglia, por su parte, entró y salió de la Casa de Gobierno para informar sobre sus reuniones con Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf, a quien la versión oficial transformó ayer en una especie de imposible Robespierre al que se le imputaban todos los hechos de violencia y hasta la decisión de declarar la provincia de Buenos Aires como «zona liberada» (una paradoja para quien llegó al poder envuelto en la bandera de la seguridad y la mano dura).

En todas estas negociaciones con el PJ la cabeza de Cavallo fue ofrecida como prenda de buena voluntad. Casi todos los ministros consideraron que retener al titular del Palacio de Hacienda podría significar la expulsión de todo el gobierno, incluido el Presidente. Pero De la Rúa no dio señal alguna en ese sentido hasta la medianoche y convocó a Cavallo varias veces a su despacho. El cordobés deambuló entre la Casa Rosada y el Ministerio de Economía en estado evidente de exasperación, mientras la mayor parte de sus colaboradores hacía apuestas sobre quién sería su sucesor (con sus martingalas no innovaban más que el resto: o volvía Daniel Marx convertido en titular de la cartera pero reportando a Chrystian Colombo, o designaban a Colombo, dejando abierta la incógnita sobre el futuro jefe de Gabinete, que es lo que en definitiva ocurrió).

Mientras tanto, De la Rúa se comunicó en tres oportunidades con Adalberto Rodríguez Giavarini, quien ayer desde Nueva York lo informó sobre sus gestiones internacionales. Concretamente, el canciller le transmitió el respaldo de la consejera nacional de Seguridad, Condoleezza Rice; del secretario de Estado, Colin Powell, y a última hora del mensaje del encargado de asuntos latinoamericanos de la cancillería norteamericana, Lino Gutiérrez: «No sólo apoyamos la institucionalidad de la Argentina sino que avalamos especialmente la continuidad del Presidente». Gutiérrez habló después de un informe detallado que le envió James Walsh, el embajador en Buenos Aires, sobre los dramáticos acontecimientos del día.

Con este cuadro de situación como referencia, De la Rúa tomó la decisión de asistir hoy a la cumbre de presidentes del Mercosur, donde espera contar con el respaldo explícito de sus colegas regionales para mantenerse en la conducción del Estado.

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