La decisión de la Corte bonaerense de aceptar rever la habilitación de la Junta Electoral para que Francisco de Narváez sea candidato a gobernador sembró el pánico en la Casa Rosada y puso en estado de alerta al comando de campaña de Daniel Scioli.
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La razón es sencilla: detrás del recurso extraordinario contra la autorización al empresario espera una presentación que refuta también la determinación del tribunal electoral respecto de Scioli. Los dos casos refieren al artículo 121 de la Constitución provincial.
«Me preocupa que se genere, a una semana de las elecciones, una incertidumbre de este tipo», dijo el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y zamarreó a la oposición con el argumento de que «las elecciones se ganan en los comicios, no en los tribunales».
Hasta Jorge Rivas, segundo de Fernández en el gobierno, se permitió cuestionar a la Corte. Un detalle: Rivas fue, en 2005, quien impugnó en la Justicia las candidaturas de Cristina de Kirchner y Chiche Duhalde diciendo que se trataba de una «trampa electoral».
La precaución del gobierno es entendible: casi inevitablemente, salvo una gambeta estrafalaria, si la Corte aceptó discutir el expediente De Narváez no puede negarse a hacer lo mismo con las impugnaciones contra Scioli.
A eso se suma una cuestión temporal. En las próximas horas, seguramente esta tarde, la Corte clausurará el capítulo De Narváez. Mientras respecto del candidato del oficialismo los plazos podrían estirarse, acercándose incómodamente a la fecha de la elección.
De hecho, en un marco de hermetismo extremo, lo único que trascendió desde el comando de campaña de Scioli fue no el temor a un fallo adverso -que pocos consideran factible-, sino la «contaminación» de los últimos días de campaña con un «eje negativo».
En las cercanías de Scioli hubo, incluso, especulaciones sobre la sorpresiva decisión de la Corte. Dicen, como en algunos despachos de la Casa Rosada, que existió «alguna mano negra» detrás. No lo dirán con nombre y apellido, pero se refieren a Eduardo Duhalde (ver aparte).
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