26 de julio 2005 - 00:00

Gorriarán ahora pide homenajes

El ex jefe guerrillero argentino Enrique Gorriarán Merlo, uno de los ejecutores del ex dictador nicaragüense Anastasio Somoza, aseguró que no se arrepiente de nada y dijo estar convencido de que la historia absolverá a las guerrillas latinoamericanas. Aún más, dijo que en la Argentina se le debe algún reconocimiento por sus tropelías.

«No me arrepiento de nada. Siento haber tenido que vivir toda esa época tan dura, pero no me arrepiento de haber resistido. Aunque me gustaría no haber cometido errores que sí cometimos», explicó en un reportaje que le hizo la revista mexicana «Proceso».

Gorriarán Merlo
, ex guerrillero del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y ex combatiente sandinista en Nicaragua, dijo que «de ninguna manera nos arrepentimos de haber combatido al autoritarismo, aunque en ese proceso obviamente cometimos errores puntuales».

«Este es uno de los pocos países donde no se reivindica como se debiera a la resistencia. Lógicamente, como nosotros no dominamos los medios ni contamos con aparatos de Estado, nos cuesta mucho el debate diario. Si no hubiese habido dictadura, no hubiera habido guerrilla», afirmó el guerrillero jubilado.

Preguntado sobre si cree que la historia lo absolverá, el ex guerrillero argentino contestó que sí y que no se refería puntualmente a él, «sino a la lucha» armada en general. Gorriarán Merlo, quien lideró el ataque al cuartel de La Tablada, en los alrededores de la Ciudad de Buenos Aires, en enero de 1989, acaba de lanzar en la Argentina su nuevo Partido para el Trabajo y el Desarrollo.

Tras ser detenido en México en 1995, fue expulsado a la Argentina, donde se lo condenó a cadena perpetua por el ataque al cuartel militar. Fue indultado en 2003. «Había un golpe para derrocar a Alfonsín. Puede ser que no hayamos actuado de la manera más adecuada. La historia será la que diga si exageramos la situación o si actuamos correctamente. Pero nosotros ese día detuvimos el golpe de Estado», insistió el ex insurgente, ahora dedicado a vender ejemplares de un volumen de sus memorias.

Sobre la ejecución de Somoza, en Paraguay en 1980, dijo que «no fue una acción por venganza o un atentado individual, sino una emboscada contra el jefe de la contrarrevolución que ya había empezado a actuar con el propósito frustrado de retomar el poder». «Ni me arrepiento ni me alegro por el asesinato de Somoza porque fue una acción que estaba dentro del contexto de la guerra contra la contrarrevolución en aquel momento. Me hubiera gustado que nunca sucediera ninguna de estas cosas», indicó.

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