22 de abril 2005 - 00:00

Gran comitiva a coronación de Benedicto XVI

Kirchner partirá hoy hacia el Vaticano para asistir a la coronación, el domingo, de Benedicto XVI, con una amplia comitiva, que incluye a Raúl Alfonsín y a Felipe Solá (datos que los bonaerenses interpretarán en el marco de la tensión con Eduardo Duhalde). También irán, claro, Cristina Kirchner, los dos ministros Fernández, el canciller Bielsa y el secretario de Culto, Oliveri, testigos de una ceremonia que congregará a medio millón de fieles en una ciudad prácticamente blindada por temor a un atentado. El viaje estaba destinado a reponer un vínculo amistoso con la Santa Sede, que se deterioró a propósito del desplazamiento de Antonio Baseotto, el obispo castrense. Pero los últimos movimientos de la Cancillería hicieron más dificultosa esa reconciliación: antes de partir, Bielsa dijo que la salida de Baseotto, que el Papado considera ilegal, es "irreversible e irrenunciable". En Roma, Kirchner se encontrará con que el equipo designado por el nuevo Pontífice para atender las cuestiones de gobierno de la Iglesia es el mismo de Juan Pablo II: el cardenal Sodano, el obispo argentino Sandri, el cardenal Re. Ellos vienen de respaldar a Baseotto y de aconsejarle que inicie, como ya sucedió, un recurso administrativo para que se reconsidere su situación. "Es cierto que el obispo, como dice Bielsa, no volverá a ser vicario castrense. Lo sigue siendo", ironizó ayer ante este diario un obispo romano de los más ligados al tema. Kirchner intentará seguramente mañana, con algún contacto de alto nivel, superar la nueva brecha que le impusieron sus colaboradores al trato con el Papa.

Benedicto XVI
Benedicto XVI
Néstor Kirchner llevará hoy a buena parte de su gobierno hasta la Plaza San Pedro para asistir a la asunción de Benedicto XVI, el nuevo jefe de la Iglesia Católica. La concurrencia es tan nutrida que hace pensar en un intento oficial por corregir el diferendo abierto con la Santa Sede a propósito del «caso Baseotto». Irán, además de la pareja presidencial, los gobernadores Felipe Solá y José Luis Gioja, Aníbal Ibarra, Alberto y Aníbal Fernández, el canciller Rafael Bielsa, el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, los diputados José

María Díaz Bancalari y Jorge Argüello, y el senador Miguel Pichetto. También Raúl Alfonsín fue invitado, y anoche se especulaba con que otros dirigentes radicales, como Gustavo Posse, podrían subir al avión charteado especialmente.

La figura de Antonio Baseotto condicionará todo el viaje. Se trata del obispo castrense que fue removido por el Presidente por su forma de censurar el reparto de preservativos organizado por el ministro Ginés González García. El prelado dijo: «A los que escandalizan habría que tirarlos al mar con una piedra atada al cuello», citando el Evangelio. Kirchner retiró de sus funciones a Baseotto, pero la Secretaría de Estado del Vaticano respondió diciendo que la medida es ilegal. Si este conflicto estará en el centro de la visita presidencial se debe a la impericia de Rafael Bielsa para manejar el caso. En efecto, el ministro cometió el error de ofrecer una conferencia de prensa a medios extranjeros casi con el único objeto de aclarar que «Baseotto no volverá a ser obispo castrense porque su desplazamiento es irreversible e irrenunciable». En la Cancillería también se especuló con la posibilidad de que el nuevo Papa confíe la agenda de su política internacional a un equipo distinto del de Juan Pablo II, que manejó el conflicto con el gobierno.

Llaman la atención varios aspectos de esta conducta de Bielsa. Primero, su desinformación: el miércoles ya se sabía que Joseph Ratzinger había ratificado en el cargo al secretario de Estado Angelo Sodano, al sustituto Leonardo Sandri (argentino y responsable directo del caso del obispo castrense) y al prefecto para la Congregación de los Obispos, el cardenal Gianbattista Re. Este diario lo informó en su edición de ayer, y esos datos fueron confirmados públicamente horas después.

La otra rareza de la conferencia de prensa de Bielsa es, precisamente, haber instalado el conflicto con el Vaticano como el eje principal de la visita sin esperar siquiera a saber la orientación que el nuevo Pontífice daría a su equipo. Ahora está clarísimo que la política de la Curia Romana se confirmará, a tal punto que ayer uno de sus voceros dijo a este diario, irónicamente: «Tiene razón el canciller: Baseotto no volverá a ser obispo castrense. Lo sigue siendo».

• Presentación

En Roma razonan que sólo el Papa, al cabo de un procedimiento bastante complejo, puede remover a los prelados que designó. En cambio, en Buenos Aires, el gobierno sigue sin adoptar un criterio uniforme: mientras Bielsa sostiene que Baseotto fue removido según la ley, admite que la Santa Sede debe nombrar a su sucesor, lo que hace pensar en que tiene razón la Secretaría de Estado cuando afirma que la remoción fue «ilegal».

De hecho, el obispo presentó un recurso administrativo para que se revise la decisión del Presidente. Mientras tanto, y para malestar de los peregrinos de hoy, Baseotto dejó trascender ayer una carta que le envió nada menos que Ratzinger, siendo cardenal, con expresiones de malestar por el trato que le daba el gobierno. Los Kirchner y sus acompañantes estarán en Roma el sábado, ya que saldrán de Buenos Aires hoy a las 17. Allá serán recibidos por el embajador ante la Santa Sede, Carlos Custer (sindicalista de la CTA, hoy enemistada con el gobierno) y por el embajador ante Italia, Victorio Tacetti. Será la primera vez que el Presidente y su esposa pisen Fiumicino: el conflicto con los bonistas italianos por el default de la deuda pública impidió el viaje hasta ahora. Por eso la primera dama tampoco pudo complacer las invitaciones del «democratico di sinistra» Piero Fasino para participar de algunas « transversalidades» de ultramar.

En la Plaza San Pedro, el domingo, Kirchner y su esposa, la senadora por Santa Cruz Cristina Fernández, se ubicarán en una de las filas previstas para jefes de Estado. Unas hileras más atrás estarán tres de sus acompañantes, uno de los cuales será el jefe de Gabinete, Fernández; y otro, Bielsa. Habrá forcejeos por el quinto lugar. El resto de la delegación deberá conseguir ubicación entre el público. Si bien esta ceremonia constituirá el corazón de la visita, es posible que durante el sábado exista algún contacto con autoridades del Vaticano.

Anoche, en Roma, se hacían gestiones ante el sustituto Sandri para organizar una entrevista con el Presidente. En cambio, lucía más difícil que hubiera un contacto con Benedicto XVI: el Papa no tenía previsto, al menos hasta ayer, saludar a las delegaciones que concurran a su asunción. Pero ese criterio puede ser abandonado con el paso de las horas. Si existiera el encuentro con Sandri o, más difícil todavía, con Sodano, es posible que los funcionarios deban escuchar una lección de «derecho administrativo eclesiástico». En efecto, la disidenciaentre Roma y Buenos Aires tiene que ver con el tecnicismo de cómo se designa a los obispos: mientras algunos miembros del Ejecutivo siguen hablando de ternas confeccionadas por el poder temporal, en la Santa Sede insisten con el método de siempre: los arzobispos elevan una terna al Nuncio, éste la remite a la Congregación de los Obispos, los cardenales la evalúan según un orden de mérito, la vuelven a mandar al país de origen para que el Nuncio comunique su nuevo destino al interesado y al secretario de Culto. Como el procedimiento no contempla la designación por el gobierno, tampoco le atribuye a éste la capacidad de remover a los prelados.

¿Habrá otros contactos en Roma? Tal vez, Custer prepare alguna reunión con los demás argentinos que rodean allí a Benedicto XVI. Entre ellos, están monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, obispo que se desempeña como canciller de la Academia Pontificia de las Ciencias (que integró hasta el martes el cardenal Ratzinger), y el cardenal Jorge Mejía, ya jubilado. Es seguro que alguno de los ministros se entrevisten con el ex embajador en la Santa Sede (gestión Carlos Menem) y ex secretario de Culto (gestión Eduardo Duhalde), Esteban Caselli: «gentiluomo de Su Santidad», Caselli tiene varios amigos comunes con Bielsa. En cambio, es más improbable que Kirchner cruce siquiera una mirada con Mauricio Macri, a pesar de que también estará en la Plaza para vivar al nuevo Papa. La concordia católica no llega a tanto, ni siquiera cuando sube al trono de San Pedro un nuevo «peregrino de la Paz».

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