3 de septiembre 2007 - 00:00

Gran facilitador: el rey de España logra que Argentina renuncie a retiro de Botnia

Contra lo esperado, fue más que pacífica la marcha ayer de 1.500 ambientalistas ante la papelera Botnia en Fray Bentos. Sólo irritó a los argentinos la revisión, propia de un partido de fútbol, de banderas a que sometieron los policías uruguayos. No permitieron el paso de insignias con leyendas ofensivas, pero sí el paseo y los cantos ante la planta lista para funcionar. Frente a una crisis que ninguno de los dos gobiernos puede resolver, comienza a verse la mano de Juan Carlos I, que parece rendir sus primeros resultados: convencer a la Argentina de que busque cualquier solución, menos pedir que se traslade la fábrica de lugar. Es lo que empieza a admitir el gobierno Kirchner cuando sus funcionarios dicen: «Es algo con lo que hay que aprender a convivir».

Néstor Kirchner deberá decidir en las próximas semanas si acepta la imposición básica que desde Uruguay se reclama para avanzar en las negociaciones por la papelera de Botnia: que se reconozca como inalterable la radicación del proyecto Orion (el nombre de la pastera) en Fray Bentos. A cambio, el gobierno de Tabaré Vázquez aceptaría, o dejaría de pedir que se repriman, los cortes del puente internacional que realizan los vecinos de Gualeguaychú, y llamaría formal y oficialmente a la Argentina a formar un grupo de monitoreo de la papelera de Botnia. Además continuaría su marcha el caso en La Haya, y si finalmente el Tribunal Internacional falla en contra del proyecto, Uruguay aceptaría eventualmente desmantelar la planta.

Los dos países trabajarán en los próximos días sobre estos puntos, para reencaminar las negociaciones hoy suspendidas entre la Argentina y Uruguay. La razón de la voluntad para que vuelvan las conversaciones entre los Estados implicados renació este fin de semana por dos cuestiones: a) una protesta formal y secreta desde España por el enrarecimiento político del conflicto, donde el rey Juan Carlos interviene como «facilitador», y b) el enrarecimiento de la situación al militarizarse la zona de Botnia.

Ambas cuestiones hicieron que el sábado vuelvan a hablarse, luego de su fallida reunión del martes pasado en la Quinta Anchorena en Colonia, el jefe de Gabinete argentino, Alberto Fernández, y el secretario general de la presidencia uruguaya, Gonzalo Fernández; probablemente los dos únicos funcionarios de primer nivel de ambos países que siempre mantuvieron el buen diálogo, aun en el peor momento del conflicto. Serán ambos Fernández los que en los próximos días continúen las negociaciones vía telefónica (no quieren más reuniones privadas que luego tengan que desmentir y no puedan ponerse de acuerdo en cómo hacerlo).  

  • Foto oficial

  • Si finalmente esta especie de diplomacia informal y secreta avanza, la idea sería que en la próxima cumbre de la Asamblea Anual de las Naciones Unidas (de la tercera semana de setiembre en Nueva York) haya alguna foto oficial entre los dos funcionarios y el negociador español José Antonio Yáñez Barnuevo (que tiene su residencia en esa ciudad al ser embajador de su país en la ONU). Se especula además que si las noticias son buenas, y sólo en este caso, de la foto participaría la candidataoficial Cristina Fernández de Kirchner.

    El marco de las negociaciones entre Alberto y Gonzalo Fernández para los próximos días sería entonces el siguiente.   

  • Aceptación de Botnia. La Argentina tendría que reconocer que Botnia estará operativa a fines de setiembre en Fray Bentos. Obviamente esto quiere decir que el gobierno de Néstor Kirchner, al menos no ampulosamente, tendría que dejar de reclamar la relocalización de la pastera. Este es un pedido que sólo se hace oficialmente dentro de las discusiones en el marco de la mediación española (más allá de las declaraciones públicas de los funcionarios argentinos), ya que ante La Haya la acusación contra Uruguay pasa por otros reclamos. Si la Argentina deja de pedir la relocalización del proyecto Orion, Uruguay invitará luego formalmente al gobierno nacional a participar de un cuerpo de monitoreo permanente que controle eventuales daños ecológicos de Botnia. Además, se reconocería la jurisprudencia que surja del caso ante La Haya; lo que incluye, en caso de fallarse en contra de Uruguay, un eventual pedido de desmantelamiento de la pastera. En su momento, el gobierno de Tabaré Vázquez aceptó este posibilidad, cuando desde la Corte Internacional se falló en contra de la Argentina, que reclamaba la suspensión de las obras.   

  • Gualeguaychú. Obviamente, el problema para Néstor Kirchner es qué pasará en su relación con Gualeguaychú si públicamente se acepta la localización de Botnia. Una alternativa que se barajaba ayer en el gobierno local es que no sea el Presidente el que acepte esta posibilidad, sino su esposa. De todas maneras, se consideraba que la situación con Gualeguaychú se transformará en un serio problema hacia el futuro, ya que desde Buenos Aires se informará específicamente a Uruguay que de ninguna manera se avanzará en represión contra los manifestantes de esa localidad entrerriana. Lo que se podría asegurar desde el gobierno local es que se hará todo lo posible por abrir el puente de Colón y que Concordia nunca más se corte, además de mantener la libertad de circulación por vías marítima y aérea, algo que siempre estuvo garantizado.   

  • La Haya. El 12 de setiembre, la Argentina volverá al Tribunal. Ese día el cuerpo de negociadores oficiales argentinos comandados por la embajadora Susana Ruiz Cerutti volverá a la ciudad holandesa para pedir o rechazar el derecho a una réplica para contestar la respuesta uruguaya a las acusaciones argentinas. Los argumentos para hacer esta presentación están casi terminados, y será decisión de Néstor Kirchner acceder a esta alternativa o no. Si no se hace, sería porque las negociaciones entre Alberto y Gonzalo Fernández de los próximos días avanzaron lo suficiente como para considerar que la situación se destrabó. Si se pide el derecho a «réplica» será porque se cree que la solución del caso se posterga y la resolución del mismo será lo que suceda en La Haya.
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