El ibarrismo planifica ahora un abrazo simbólico a la Legislatura porteña cuando tenga ocasión la primera sesión oral y pública del juicio político contra el suspendido jefe de Gobierno porteño. La creación se inspiró en mostrar un gesto de apego a las instituciones, aunque desorientó el lugar elegido.
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Es que el llamado «comité de crisis» que rodea a Ibarra con la misión de generar quehaceres públicos que mantengan activo al funcionario en suspensión consideró que «un abrazo al palacio municipal podría interpretarse como que uno se aferra a que los funcionarios que están permanezcan allí y, en cambio, la idea es la defensa de las instituciones y que los legisladores lleven adelante un juicio correcto».
De eso habló ayer ese comité que integran, entre otros, el secretario de Cultura, Gustavo López; el de Medio Ambiente, Eduardo Epsztein; el subsecretario de Comunicación, Daniel Rosso; y el jefe de Gabinete porteño, Raúl Fernández.
• Plazos
La tenida dio paso también a especular con los plazos que podría tener el juicio político y su comienzo. Calculó esa mesa que recién a mediados de enero podría darse inicio a las audiencias, una incertidumbre que mantienen los propios miembros de la sala de juzgamiento.
Esos 15 diputados no habían recibido ayer comunicación alguna del titular del Tribunal Superior de Justicia, Julio Maier, quien preside la sala de juicio político y que debía convocar a reunirse para resolver la negativa a aceptar una recusación formulada por Ibarra contra uno de los miembros de la sala.
• Desorientados
A tal punto los diputados están desorientados con respecto a los pasos que sigue Maier, que ayer, durante un brindis de fin de año en la Legislatura, algunos estaban dispuestos a tomarse vacaciones hasta el 10 de enero, cuando creen podrían comenzar las audiencias, o bien sesionar sin Maier. La única certeza que llevan hasta ahora es que el juez tiene tiempo hasta el 28 próximo para definir si acepta o no todas las pruebas que peticionaron acusadores y defensores. De lo contrario, debería convocar al conjunto de la sala para que resuelva.
Esos plazos preocupan al ibarrismo, que cree que es tiempo que juega en contra del jefe porteño, quien busca una resolución lo antes posible sobre su situación.
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