Homenajearon a Alfonsín, a cuatro años de su muerte
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El dirigente Hipolito Solari Yrigoyen y el hijo del exmandatario, el diputado nacional Ricardo Alfonsín.
Lo cierto es que Alfonsín, en medio de una democracia que aún dejaba ver huellas de la sangrienta dictadura, intentó llevar adelante una serie de medidas para contener el descontento en las Fuerzas Armadas, que incluyeron en 1986 su intervención personal para que el Congreso sancionara la Ley de Punto Final, que imponía un plazo de 60 días para procesar a acusados de delitos de lesa humanidad.
Sin embargo, aquella Ley estaba lejos de conformar y estalló la rebelión, aunque millones de argentinos salieron a las calles a condenar el hecho y manifestar su apoyo al gobierno constitucional, actitud a la que se sumaría hasta la central de trabajadores, con un paro de apoyo.
Casi sin apoyo de fuerza leales, Alfonsín temió un derramamiento de sangre y optó por concurrir el 30 de abril a Campo de Mayo y, horas después, formuló el histórico discurso ante la multitud reunida en la Plaza y aquel saludo de "¡Felices Pascuas, la casa está en orden y no hay sangre en la Argentina!", tras dar la garantía de que no habría nuevos juicios contra militares por violación de derechos humanos, a través de una futura Ley de Obediencia Debida.
A 26 años de aquel episodio, su hijo Ricardo expresó hoy en La Recoleta que "no hay democracia perdurable sin ciudadanos democráticos y activos", y reafirmó que "sin participación no hay libertad".
A la vez, al destacar las enseñanzas de su padre como presidente, afirmó que aprendimos "que no hay democracia fuerte sin diálogo y que los gobiernos son los primeros responsables de hacerlo posible", también que "no hay democracia en serio donde reinan la desigualdad y las injusticias, porque sin solidaridad social no hay igualdad".
En el cierre del acto, los militantes depositaron flores a los pies de la tumba de Alfonsín, que falleció hace 4 años a los 82 años, a consecuencia de un cáncer de pulmón.
Su última visita a la Casa Rosada la concretó el 1 de octubre de 2008, cuando la presidenta Cristina Kirchner y el ex presidente Néstor Kirchner lo recibieron en ocasión de inaugurar su busto en la Sala de Presidentes de la Casa Rosada.
Aquel día, Cristina pronunció un emotivo discurso frente a Alfonsín, quien agradeció sus palabras y tomó el agasajo "a la democracia conseguida por todos los argentinos y no a mi persona".



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