19 de octubre 2001 - 00:00

Ibarra se prueba ahora la silla que dejó Chacho

La idea la vienen amasando varios frepasis tas, pero se animaría, la semana que viene, Aníbal Ibarra a llevarla a la práctica: convocar a un congreso del Frente Grande (casi todo lo que queda el Frepaso) para remover formalmente a Carlos Chacho Alvarez de la conducción.

Claro que Ibarra lo planteará de otra manera, con la excusa de una catarsis nacional que defina, si puede, los destinos de la tropa que inventó el ex vicepresidente. Pero en los hechos habrá cuestiones administrativas no menores que resolver, como la elección de autoridades y fecha de internas (una práctica que no es rutina en este partido). Eso será así, si el Frente Grande decide, por ejemplo, convertirse en un partido político que cumpla las reglas de todos los partidos, como es la realización de un congreso que no lleva a la práctica desde 1999, más precisamente de julio de ese año, antes de la elección nacional.

El retraso hizo que los congresales elegidos hace dos años no tuvieran nunca un congreso donde hacer valer sus títulos. Con esa demora, los mandatos están vencidos desde hace cuatro meses, incluido el de Chacho Alvarez presidente y demás miembros de la mesa de conducción que tiene anotada en su planilla a Alberto Flamarique como uno de esos caciques. Junto con el ex ministro de Trabajo, es una tropa numerosa la que comparte el status de «miembro», que en ese armado frentista es la segunda jerarquía después de los titulares. Están Graciela Fernández Meijide, Irma Parentella y Fernando Melillo, entre otros, además de la «mesa chica» que quedó a cargo del Frente Grande cuando Chacho se autoexcluyó de la política.

Resistencia

Los chachistas, y los que lo eran, resisten que ya se haga la convocatoria, planificada por Ibarra para el mes próximo. Creen que no es el momento más propicio del llamado cuando no está definida la retirada del Frepaso de la Alianza. Ibarra, por las mismas razones, considera que debe haber un congreso.

«No puede ser que Chacho dé directivas a través de mediadores, como si fuera un oráculo, y ahora parece apostar a la fractura del Frepaso»
, sostienen los diputados frentistas que se suman al llamado al Congreso.

El anuncio para concentrar a los frentegrandistas pondría en escena la primera puja cara a cara entre Ibarra y Alvarez, quien sería invitado para estar al frente de la reunión.

El ex vicepresidente, en estos días, se dedica al análisis del resultado electoral, y al parecer, eso le llevará un tiempo, según confían sus más allegados. Así prepara su retorno sin función definida, en el que está desestimando la posibilidad de convertirse en asesor del ARI, el movimiento de Elisa Carrió (el resultado electoral le habría quitado la motivación).

Más decidida al pase resultó la esposa de
Alvarez, que renunció a la vicejefatura del gabinete de Ibarra después de mostrar sus simpatías con el ARI, al que no se integró durante la campaña electoral por el veto que le impuso Alfredo Bravo (senador consagrado por ahora) a su ingreso en la lista de candidatos a diputados nacionales. Liliana Chiernajowsky, sin embargo, no le presentó una renuncia indeclinable al jefe de la Capital, quien pensaba cambiarla de puesto, en alguna silla fuera del gabinete e, incluso, del Palacio Municipal. Ibarra dice que se irritó porque la funcionaria hizo trascender que había pedido irse del gobierno, anuncio que acompañó con un presagio de extinción del Frepaso. Ayer Ibarra le aceptó la dimisión sin más trámite y, como para mayor mortificación del matrimonio, piensa disolver la oficina de Chiernajowsky, que había creado en mayo, cuando degradó a la funcionaria de jefa a vice de Gabinete.

Sin más lazos con quien fue su mentor,
Ibarra juega a ponerse al frente del Frepaso residual, aunque no ignora que todavía una parte de ese movimiento clama por Chacho. Es más, cree que con la convocatoria al congreso doméstico forzará una definición de su parte. Sobre lo que duda es si llegará con el aviso antes de que el Frepaso se parta.

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