Imposible no recordar Ezeiza

Política

El pretexto fue el mismo, la disputa por el lugar más cercano a Juan Domingo Perón; las motivaciones ideológicas podrán tener similitudes, pero los personajes y el momento son absolutamente distintos.

Mucho diferencia a la masacre de Ezeiza del 20 de junio de 1973, cuando una de las mayores multitudes jamás congregadas en el país se acercó al aeropuerto a recibir a Perón, que volvía de 18 años de exilio, del 17 de octubre que ayer vivieron sus restos en la quinta de San Vicente.

La primera similitud que tuvieron ambos hechos fue que ayer, cuando comenzaron los disturbios antes del acto por el traslado del féretro de Perón, todo argentino que superara los 40 años pensó en Ezeiza. Fue imposible evitar esa imagen que al peronismo le había costado 30 años modificar.

Por lo demás, las diferencias fueron notorias. Lo de ayer en San Vicente fue el cruce de bandas sindicales con parte del peronismo bonaerense y, se especula, alguna otra ayuda. Hubo sí, no puede obviarse, una larga lista de consignas que recordaron aquella época, como la de «¡Ni yanquis ni marxistas, peronistas!», que muchos interpretaron como una respuesta al estilo neomontonero que cultiva buena parte del gobierno.

Hubo un tirador disparando desde la entrada hacia dentro de la ex residencia de verano de Perón, heridos, golpes y palazos.

En Ezeiza se cruzó la izquierda con la derecha peronista, se jugó el futuro del entorno que rodearía al General cuando asumiera la presidencia después de la nueva elección que convocaba Héctor Cámpora y ni siquiera hoy se puede saber exactamente cuántos fueron los muertos ese día. También como en 1973, la dirigencia no estuvo en el medio de los tiros, sino a resguardo, como ayer. El que más cerca estaba era Antonio Cafiero, uno de los primeros en llegar a San Vicente. Debió recordar cuando lo rodearon hordas en Chapadmalal cuando renunció Adolfo Rodríguez Saá.

Ayer, Hugo Moyano, si bien fue insultado, llegó cuando muchos de los suyos ya se habían cruzado los principales palazos. Y hasta pudo darse el lujo de llamar «idiotas útiles» a quienes consideró que los provocaron. Aunque no haya comparación, recordó el camionero en ese momento, con seguridad, la frase «esos estúpidos imberbes que gritan» con que Perón comenzó a despedir a Montoneros en su anteúltimo discurso en la Plaza de Mayo.

La recepción a Perón en Ezeiza estuvo pensada para ser la mayor fiesta a que podía aspirar el Movimiento Nacional. Pero el enfrentamiento armado ese día entre la derecha y la izquierda obligó a que el avión del General se desviara a la base aérea de Morón.

  • Diferencia

    En ese momento, como ayer, había que impresionar al General con movilización. La diferencia es que, esta vez, Perón estaba muerto y del acto no dependía tomar alguna decisión futura sobre la línea a seguir por el gobierno, capitalismo o socialismo, como soñaban entonces la derecha y la izquierda peronista, sin saber que Perón pensaba en otras cosas.

    El 19 de junio del 73, caravanas de micros llegaron hasta el cruce de la Autopista Riccheri y la Ruta 205. Todos los accesos estaban custodiados por la Juventud Peronista, que pedía credenciales y autorización. Otros llegaron caminando y organizaron campamentos para pasar la noche.

    El primer cruce comenzó hacia las 15: un grupo de Montoneros coreaba el «Perón-Evita, la patria socialista». La JP respondía: «Perón-Evita, la patria peronista».

    La tragedia comenzó a tomar forma el 20 a las 14, cuando llegaron al palco los carteles de FAR, Montoneros y ERP, que se cruzaron con la JP y Juventud Sindical. Poco después, comenzaron los tiroteos. Francotiradores apuntaban a los árboles donde se habían subido militantes. A las 18, la balacera entre el palco y las cercanías ya era incontrolable.
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