Imposible no recordar Ezeiza
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Ezeiza, 1973 (arriba) San Vicente, ayer (abajo)
Ayer, Hugo Moyano, si bien fue insultado, llegó cuando muchos de los suyos ya se habían cruzado los principales palazos. Y hasta pudo darse el lujo de llamar «idiotas útiles» a quienes consideró que los provocaron. Aunque no haya comparación, recordó el camionero en ese momento, con seguridad, la frase «esos estúpidos imberbes que gritan» con que Perón comenzó a despedir a Montoneros en su anteúltimo discurso en la Plaza de Mayo.
La recepción a Perón en Ezeiza estuvo pensada para ser la mayor fiesta a que podía aspirar el Movimiento Nacional. Pero el enfrentamiento armado ese día entre la derecha y la izquierda obligó a que el avión del General se desviara a la base aérea de Morón.
En ese momento, como ayer, había que impresionar al General con movilización. La diferencia es que, esta vez, Perón estaba muerto y del acto no dependía tomar alguna decisión futura sobre la línea a seguir por el gobierno, capitalismo o socialismo, como soñaban entonces la derecha y la izquierda peronista, sin saber que Perón pensaba en otras cosas.
El 19 de junio del 73, caravanas de micros llegaron hasta el cruce de la Autopista Riccheri y la Ruta 205. Todos los accesos estaban custodiados por la Juventud Peronista, que pedía credenciales y autorización. Otros llegaron caminando y organizaron campamentos para pasar la noche.
El primer cruce comenzó hacia las 15: un grupo de Montoneros coreaba el «Perón-Evita, la patria socialista». La JP respondía: «Perón-Evita, la patria peronista».
La tragedia comenzó a tomar forma el 20 a las 14, cuando llegaron al palco los carteles de FAR, Montoneros y ERP, que se cruzaron con la JP y Juventud Sindical. Poco después, comenzaron los tiroteos. Francotiradores apuntaban a los árboles donde se habían subido militantes. A las 18, la balacera entre el palco y las cercanías ya era incontrolable.




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