El suspendido
jefe de
Gobierno
porteño,
Aníbal Ibarra,
asistió el
viernes al
cóctel de fin
de año de la
asociación
de bancos
ADEBA. En
la foto lo
saluda el ex
corredor de
Fórmula 1
José Froilán
González.
La suspensión de Aníbal Ibarra en su cargo de jefe de Gobierno porteño no sólo mantiene en crisis a su gabinete, también ha provocado que el suplente Jorge Telerman mantenga asuntos de delicado tratamiento sin resolver. Por su parte, una porción del ibarrismo agitaba ayer el rumor de haberse concretado la reunión que más ansían, la del suspendido Ibarra con Néstor Kirchner. Del Presidente esperan saber si Ibarra contará con el apoyo de los legisladores del oficialismo que integran la sala de juicio político, para que regrese a su puesto, del que se encuentra desalojado desde el 15 de noviembre pasado al abrirse la investigación por supuesto mal desempeño en la causa Cromañón. Ese encuentro le garantizaría a Ibarra tres votos, pero no el retorno (la definición la tendrían los representantes de Elisa Carrió). Sin embargo, las visitas casuales a la Casa de Gobierno como público de actos oficiales habrían comenzado a darle frutos sustanciosos al suspendido mandatario porteño. En la última ocasión, al menos logró una charla con el jefe de Gabinete Alberto Fernández. Fue cuando Ibarra llegó para escuchar el anuncio del pago al FMI que formuló Néstor Kirchner. El cruce con A. Fernández es parte de las conversaciones telefónicas que espaciadas tiene Ibarra con el funcionario, quien hoy no es el único intermediario oficial en asuntos municipales; también Kirchner ha habilitado a Carlos Zanini como un facilitador, por caso de la entrada a la Casa Rosada. Fernández, según la algarabía moderada de algunos de sus seguidores, le habría dado señales de buena voluntad a Ibarra por parte de los tres votos que tiene el kirchnerismo en la sala de juicio político, que en enero próximo arrancará el debate con el desfile de más de cien testigos. Allí quiere estar Ibarra todo el tiempo, pero el ánimo fluctuante del suspendido funcionario le ha hecho entender que esas decisiones las resolverá su equipo de abogados. Quienes rodean en la actualidad a Ibarra le han pedido que abandone «su rol de fiscal» y deje la actividad para los letrados que conduce Julio César Strassera, quienes le marcarán tiempos y pasos.
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Mientras Ibarra continúa visitando salas de la tercera edad y grupos de escolares, Telerman resiste algunas cuestiones propias de su puesto, es decir, «jefe de Gobierno a cargo». Es así como firma el vicejefe de la Capital Federal cada una de las normas que deben ser publicadas en el boletín oficial porteño: Telerman (a/c). El mandatario en su estada prefiere no dejar rúbrica, a menos que sea imprescindible o lo convenzan. Por ejemplo, la mayor audacia al parecer ha sido vetar dos normas de la serie maratónica que sancionó la Legislatura sobre el fin de año. Una referida a la creación de una comisión de seguimiento sobre problemas con viviendas sociales, que al parecer carecía de sentido, y otra ley similar, pero se niega a firmar medidas que considera de mayor tenor. Por ejemplo, la tan retrasada licitación del mobiliario urbano para la renovación de señales, bancos de plazas y carteles indicadores debió postergarse un mes más, lo cual podría acarrear algunos inconvenientes, aunque en este caso la Justicia (después de la decisión sobre la prórroga) frenó también el proceso pero por cuestiones diferentes, claro.
• Exigencias
El otro problema que se presenta por estas horas es la exigencia de las empresas que prestan el servicio de recolección de residuos domiciliarios (el contrato más grande que suscribe la Ciudad de Buenos Aires), que reclaman por la readecuación de los precios. La Legislatura porteña dejó en suspenso la sanción de una norma que estaba en la lista de las leyes que se sancionaron en paquete antes del reciente recambio de bancas que hubiera aliviado al suplente. Se trata de una ley que garantiza a las concesionarias de la Ciudad la discusión de los llamados mayores costos. Sin norma, Telerman no quiere entrar en ese debate con las empresas recolectoras, a las que a su vez los empleados les reclaman una adecuación salarial, que las firmas atan a la mejora en el pago de los contratos que haga el gobierno porteño. De esa manera, si el jefe de Gobierno (a/c) no logra un acuerdo, la situación podría tornarse complicada en esta época del año y en un año de crisis en la ciudad a días de cumplirse el primer aniversario de la tragedia de Cromañón. Por eso, entre propios y ajenos buscan que, antes de que termine el enjuiciamiento (sería a mediados de febrero) se pueda contar con una señal sobre el desenlace. De todos modos, ante la duda, varios secretarios de Gobierno comenzaron ya a ordenar papeles y armarios, una tarea que suele demandar cerca de un mes cuando se realiza ante un cambio de autoridades.
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