En su fugaz visita a la Argentina, de tan sólo 16 horas, el secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld -que fue acompañado por una comitiva de 23 funcionarios y 50 de la seguridad que provee el Pentágono, además de 8 periodistas; todos alojados en el Sheraton de Retiro-, se encontró con su par argentino José Pampuro bajo extremas medidas de seguridad, que incluyeron un decena de vehículos, una escolta de motocicletas, la participación del cuerpo de elite GEOF de la Policía Federal y el sobrevuelo de un helicóptero de la misma fuerza.
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Para estar completo el cuadro no faltó ni siquiera la ruidosa manifestación de activistas de izquierda -en su mayor parte adolescentes-, que despotricaron contra los EE.UU., contra Rumsfeld y por los iraquíes oprimidos. Aprovechando una visita al ministro del Interior, Aníbal Fernández, hasta Hebe de Bonafini reapareció, afirmando con vocabulario soez que le daba «asco» y «repugnancia» no sólo el norteamericano sino también Pampuro. Aseveró luego que «me parece de terror; a ese tipo no lo tendrían que recibir; Estados Unidos cada vez nos mete más la pata arriba». Aprovechó para afirmar que le hicieron saber a Néstor Kirchner -por intermedio del Fernández bonaerense-, que esperaban que «no le dieran inmunidad» a las tropas norteamericanas para cuando se realicen ejercicios militares en territorio nacional. Dijo: «Eso no lo vamos a aceptar». Rumsfeld arribó a media mañana al lugar de la cita, el edificio Libertador, donde revistó y saludó una formación de efectivos del Ejército, Armada y Fuerza Aérea con la banda del Grupo de Artillería 1 ataviada con uniformes de época, de reminiscencias francesas, por el casco plateado.
La reunión, que se realizó en el despacho del ministro de Defensa, se extendió por 1 hora y 45 minutos, donde más de la mitad de ese tiempo lo consumió el cónclave entre ambos funcionarios y el resto una exposición del subjefe III de Operaciones del Estado Mayor Conjunto, coronel Eduardo Cundins, un especialista en misiones de paz. Lo hizo sobre las tareas cumplidas por el contingente argentino en Haití, que ya prepara su versión III para el relevo de julio próximo.
En el encuentro estuvieron además de Rumsfeld y Pampuro, el embajador de Estados Unidos en la Argentina, Lino Gutiérrez; y los funcionarios del Ministerio de Defensa, Jaime Garreta (secretario de Asuntos Militares) y Luis Cantarelli (secretario de Planeamiento), junto al jefe del Estado Mayor Conjunto, Jorge Chevallier; y de las tres Fuerzas Armadas: Roberto Bendini, Jorge Godoy y el subjefe de la Fuerza Aérea, Eduardo Ernesto Bianco (el jefe, Schiaffino, se encuentra en Chile asistiendo a la FIDAE 2005).
Luego de la reunión y la lectura de las declaraciones de ambos funcionarios, Rumsfeld le manifestó a Pampuro que le interesaba conocer el mausoleo donde se guardan los restos del general José de San Martín. Para esto ambos ministros caminaron, cruzaron la Plaza de Mayo esquivando las palomas, y entraron en la Catedral metropolitana. En ese lugar sobresaltaron a la feligresía mientras permanecían en silencio ante el mausoleo, al que prestan custodia dos soldados del Regimiento de Granaderos a Caballo. Rumsfeld colocó una ofrenda floral, gesto que repitió ante la estatua del Libertador en la plaza homónima minutos más tarde. En Ezeiza lo aguardaba el Boeing 747 de la USAir Force que lo condujo a Brasilia, adonde calculaban llegar entre las 17 y las 18.
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