8 de mayo 2001 - 00:00

Inexplicables éxitos en TV

(Entrevista a Fernando Savater en el programa "Amanece que no es poco" de Carolina Perin y Osvaldo Granados. AM 1070 radio "El Mundo" de 6 a 9.)

PERIODISTA: Le cuento: estamos viviendo en la Argentina la presencia de los reality shows en la televisión y yo recordaba, aquí le tengo que pedir un poquito de ayuda, no sé si fue en el «Valor de educar» o «Etica para Amador» que en las primeras páginas planteaba que sería bueno que los educadores tuvieran más presencia en los medios, más concretamente en la televisión.

Fernando Savater:
Es en «El valor de educar». Es, en realidad, en todos los medios que son mundiales, porque influyen en la gente.

P.: Uno se pregunta desde este lugar, ¿por qué este fenómeno se ha globalizado tanto, de la ausencia de la educación o de la presencia de la educación en los medios? ¿Usted cree que esto es así? ¿Lo valora como diagnóstico de lo que realmente pasa?


F.S.:
Efectivamente, la educación parece algo que no sería rentable dentro de los parámetros del mercado, que son los que rigen todas las televisiones, no sólo las privadas sino también las públicas. En los países como España, las cadenas de televisiones públicas se rigen también por los mismos principios del mercado. La educación parece que no es interesante. Yo creo que se equivocan, quiero decir, la educación no planteada de una forma meramente escolar y aburrida, sino unos programas que tuvieran un contenido formativo y educativo sin necesidad de convertirse en clases de párvulos dadas por televisión, en fin, es así. Algunas cadenas aún conservan espacios que tienen alguna dimensión educativa, en algunos países incluso tienen un aprecio notable, como en el caso de Francia o de algunos programas de la BBC, pero en general en la mayoría de los países la televisión es un instrumento poco educativo, por decirlo suavemente.

P.: He leído que usted reivindica el placer como una alternativa de emancipación o liberación para el hombre, frente a un concepto de modernidad que muchas veces está asfixiado por la razón. ¿Esto es así?


F.S.:
Yo no veo incompatibilidad en esto, ya que la razón es uno de los grandes placeres del hombre. Yo lo que pretendo decir es que habría que desculpabilizar al placer, no al placer criminal, no el placer obtenido con la crueldad o con el daño, sino los contentos placenteros legítimos que proporciona arte, la sensualidad, etc. Muchas veces en nuestros países van nimbados de un cierto aire culpabilizador. Pero yo no lo opongo a la razón, al contrario, creo que un ser humano pleno, desarrollado, educado, obtendrá por la razón gran parte de sus placeres. Ser capaz de razonar, argumentar y analizar, realizar pensamientos mentales superiores, es parte del placer.

P.: Los reality shows han pasado a ser un boom en la televisión argentina. Sabemos que el hombre y la mujer pasan mucho tiempo frente al televisor, lo que estamos notando es que los psicólogos que manejan a estos personajes que vemos dormir, bañarse, hablar de distintos temas, inducen por el rating, a que esto se ponga un poquitito más cálido, no digo sexo, pero por los menos que empiecen a tocarse porque los números del rating deben subir. Y yo creo que eso terminará afectando todo, porque si no, ¿cuál va a ser el último paso?


F.S.:
No sé, quizás asesinatos en directo. Verdaderamente aquí en España «Gran hermano» ha sido un inexplicable y dramático éxito. Yo creo que es eso, cada vez más la televisión se dirige a un público de nulas exigencias intelectuales. Para ver una obra de Shakespeare hace falta un cierto esfuerzo, aunque yo creo que los contextos que proporciona pueden ser muy grandes. En cambio para ver a alguien cepillarse los dientes no hay ninguna necesidad de hacer esfuerzo intelectual. Cada vez más se tiende a presentar la vida como si la vida fuera una serie de gestos rutinarios, vacíos, inútiles, para personas que balbucean frases hechas, tópicos, insustancialidades y se pretende que eso es una realidad. En cambio, lo que escriben Borges, Tommas Mann o Shakespeare, eso es algo construido o artificioso. Yo creo que la verdadera realidad es precisamente la que presenta una gran obra literaria, un gran director de cine en una película, una obra de teatro. Se parece mucho más a una auténtica realidad, es decir a lo que cuenta para nosotros la realidad que a esa aparente epidermis realista que en el fondo no es más que vaciedad y tiene que cargarse de elementos morbosos. Pues que la hagan un poco más entretenida, ver a alguien ponerse los calcetines por la mañana no tiene contexto, yo no creo que nadie se sienta especialmente feliz por eso.

P.: Dentro de su currículum vemos su responsabilidad dentro de una cátedra de ética en la universidad. Nosotros estamos debatiendo como propuesta aquí en nuestro país la posibilidad de que exista un ministerio de ética. ¿Cómo le suena a usted esto?


F.S.:
Pues la verdad me suena un poco mal porque yo no creo que la ética sea colectivizable, la ética es una relación de cada sujeto pensante con su propia libertad, con su arte de vivir una vida humana mejor. No creo que eso sea administrable desde fuera.

P.: El presidente José María Aznar lanzó hace unos días la reforma para superar lo que él calificó como fracaso del sistema educativo. Algunos de sus fundamentos se basaron en hacer más fiable la selección del profesorado universitario.


F.S.:
La universidad es ya una fase extrema de la educación. Yo creo que lo más importante de la educación a nivel ciudadano son las bases de la educación, es decir, la educación primaria, secundaria. Son las bases fundamentales porque ahí se decide todo. Luego la universidad es una forma de educación más especializada y además para un tipo de persona que quiera seguir una carrera universitaria. No es obligatorio que todo el mundo sea universitario en una sociedad moderna. De modo que eso ya es una faceta posterior; yo creo que la universidad debería ser no sólo transmisión de conocimientos, sino capacidad de invención, de investigación, una locomotora de la cultura y no sólo un tren de mercancías que va repartiéndola.

P.: ¿Usted comparte la idea de que el ingreso a la universidad debe ser con un examen? ¿Debe ser arancelada o no? ¿Debe ser pública? ¿Ingreso irrestricto? ¿Cuál es su posición?


F.S.:
Primero yo creo que debe haber una buena universidad pública, la universidad es un derecho público. Es decir, poder realizar estudios universitarios no debe estar exclusivamente supeditado al mercado y a la economía porque si no sólo podrían estudiar personas privilegiadas. Yo creo que la universidad debe estar abierta a quien tenga talento y mérito y no simplemente a quien tenga dinero. En ese sentido debe haber una buena universidad pública, lo cual obviamente no es óbice para que existan otras universidades privadas para otras personas que quieran pagarse unos estudios especiales. El Estado por lo que debe preocuparse es por una buena universidad pública y también por un cierto control, una homologación de calidad que certifique que las universidades privadas son aptas. Entrar en la universidad no es una obligación, no todo el mundo tiene por qué ser universitario, no todo el mundo tiene que servir para la vida, para el estudio o la preparación universitaria. Entonces algún tipo de prueba que justifique esa elección de las personas por la universidad debería existir, debería haberla.

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