9 de diciembre 2003 - 00:00

Intenta buena letra Pampuro en EE.UU. para enmendar errores

Confesado o no, hay un recelo entre Néstor Kirchner y un sector de la sociedad. Mutuo, obvio, progresivo. Producto tal vez de culturas, hábitos y orígenes diferentes es esa falta de confianza entre grupos típicos porteños o bonaerenses y el mandatario patagónico. Si cuesta, aun pasados 6 meses, esa compatibilidad, es de sospechar que más arduo será el entendimiento para aquellos que, desde países centrales, poderosos y con alto nivel de desarrollo, deben lidiar o comprender a un colega de nación aislada, endeudada y con destellos pretenciosos.

El viaje de José Pampuro a Washington no resolverá esta falta de entendimiento, sería de confiar que no lo agrave. Poco, naturalmente, se puede esperar de su diálogo personal con Condoleeza Rice o Donald Rumsfeld, gente difícil por otra parte como los republicanos extremos -se sabe que al funcionario lo odian o lo aman sin términos medios- y ella, para el médico bonaerense enviado, debe ser una «muchacha cuando menos rara» (y no porque sea una reconocida concertista de piano). Pero al fin las entrevistas sucederán luego del cargoseo de Pampuro para que lo reciban en la capital norteamericana, aunque nada tenga para decir.

• Devaneo

Tratará cuestiones de Defensa, militares, en las que no es demasiado experto. Temas de alta sensibilidad que, suponen, decisiones razonadas más que respuestas para los medios con frases, felices o no. Demasiado ruego para quien, en la materia, hoy ofrece en tándem con Kirchner, por lo menos un devaneo tan infantil como el chico que frente al quiosco duda entre el caramelo de menta o el de limón. Al menos, ésa es la impresión más benigna que se recoge desde el exterior. Si no fuera así, menos tribulaciones se advertirían desde los países vecinos y hasta de aquellos que se reconocen aliados (no olvidar que, hasta ahora, la Argentina adhiere como «extra» a la Alianza del Atlántico Norte). De ahí que, al margen de la interna militar argentina -nada sencilla, por otra parte-, el recelo foráneo registra algunos datos que deberían ser tomados en cuenta:

1) hay elementos firmes de que los británicos, en Malvinas, han incrementado la cantidad de tropas;

2) se sabe que Chile, quizás en relación con su tradicional lazo con los ingleses, también ha desplazado unidades en el sur de su territorio. Algunos afirman que estos movimientos son parte de la amistad entre los presidentes Kirchner y Ricardo Lagos, aunque otros menos humoristas imaginan esos desplazamientos e instalaciones obedeciendo a la misma matriz que ordenó sin éxito el robo de material secreto en una sede diplomática argentina en Punta Arenas. ¿Qué podía haber de valor en un lugar tan insignificante? Nada, salvo claves secretas militares. Más de un atrevido afirma que, en otra sinecura nacional, en Europa, se intentó un hurto semejante, lo que indicaría una obsesión desmesurada sobre la intencionalidad castrense del comandante Kirchner;

3) son varios los técnicos que encuentran razones estratégicas, hasta apreciadas, para que Brasil se niegue a compartir ejercicios militares con sus colegas argentinos. A pesar de la amistad Lula-Kirchner o, justamente, por ese íntimo vínculo. Todavía, sin embargo, Brasilia no ordenó como Chile más presencia militar en sus fronteras con la Argentina;

4) se deben equivocar, a su vez, quienes piensen que se ha deteriorado la relación Argentina-EE.UU. por el simple episodio de haber suspendido ejercicios militares conjuntos (suponía la participación de otras naciones amigas, además) luego de haberse comprometido a realizarlos y por la justificación de que las Madres de Plaza de Mayo se oponían a la inmunidad diplomática para soldados de otros países que pudieran tener un accidente. No fue el único caso de enajenamiento amistoso entre los dos estados.

• Interrogante

Si uno persiste en este clima de suspicacias, podría creer que hasta el Uruguay envíe una chalupa, réplica de la que usaron los 33 orientales (¿o eran 35 y dos negros?) para vigilar raras navegaciones más allá de Martín García. Cabe la pregunta ante este cuadro curioso: ¿qué ha hecho el tándem Pampuro-Kirchner -o qué han omitido-para que se manifieste ese recelo en el plano militar desde el exterior? Extraño fenómeno, ya que la Argentina no podría ser un peligro, pues ni siquiera aumentó el presupuesto castrense (aunque la Fuerza Aérea haya disfrutado de algunas monedas más que sus colegas). Pero la falta de crédito no es sólo para los bancos y, para disimular ese problema con los vecinos, hace 48 horas el propio Pampuro tuvo que desactivar más de 80 mil minas personales.

Al margen de la importancia del hecho, se debe señalar que a la ceremonia de destrucción asistieron los dos principales jefes de los ejércitos de Brasil y Chile. Es decir, hubo que mostrar y testimoniar la voluntad de no causar problemas. En esa misma conducta de cordialidad se estaciona el ministro ahora en Washington: prometerá asistencia, colaboración o lo que le pidan en materia de tráfico de drogas o de guerrilla. También, que no complicará a sus vecinos. Aunque, siempre, sus palabras no se sabe hasta dónde son bendecidas por Kirchner.

Sería exagerado pensar que las declaraciones del general Bendini sobre ocupación militar de la Patagonia como política de población, en línea directa con el pensamiento del mandatario, pudieron haber suscitado tamaña reacción externa. Menos, claro, lo que dicen que dijo sobre los judíos. Esas palabras, en todo caso, se mezclaron con otros problemas: el pleito con los norteamericanos por la inmunidad de los soldados y un sordo litigio por intereses económicos entre Buenos Aires y Londres. Tres datos quizá para justificar esa cautela o prevención desde otros países. Falta de comprensión, sin duda, culturas diferentes.

Ya que en el exterior también cuesta entender al médico Pampuro y su numen Kirchner que se enorgullecen de haber borrado casi dos docenas de generales «no confiables» (al menos para el Cels, ya que el dúo apenas si disponía de una módica información sobre los oficiales superiores) y hoy el ministro se ha instalado en Washington de la mano tutora del ex general Julio Hang, el mismo que lo acompaña y le organizó viaje y entrevistas, justamente uno de los que se expulsó del Ejército. Lo que se dice, una cuestión de principios, válida también para la ética del presidente Kirchner y aun para el propio Hang que, en su descargo, dirá que debe ganarse el pan de alguna manera.

Si Pampuro hasta debió insistir en la pertinacia de repetir como delegado militar en Washington al mismo hombre de siempre, como si la Argentina fuera una republiqueta caribe-ña que no puede reemplazar embajadores y no dispusiera de alternativas con buena pronunciación para reemplazar a su representante castrense (más allá de los méritos reconocidos al oficial designado). Pero ésta es la realidad de la política militar, de la presencia de Pampuro en Washington y de que, para la calle, Kirchner hasta se desprenda de la protección de la Casa Militar o a su frente designe a un teniente coronel cuando le corresponde a un general.

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