Néstor Kirchner inició anoche un viaje de 24 horas a Caracas que el gobierno intenta limitar a una agenda de negocios sin efecto político. Para hacerlo subió al avión a empresarios que llevan inversiones que hubieran hecho sin necesidad del marco oficial. Pero Chávez le pone esa funcionalidad política que Kirchner niega: dijo que convocó al argentino a hacer un balance de la cumbre e insultó a George W. Bush como «genocida, asesino y loco». Está en campaña para elecciones en su país -parlamentarias el 4 de diciembre- y echa mano de todo. Ese Kirchner que le resta efectos políticos al viaje -los puede tener porque perjudica más la relación con México y EE.UU. en montos que pueden superar las ayudas que le acerque Venezuela- es el mismo que viene de turbulencias con la Iglesia, la operación Borocotó y la suspensión de Ibarra. ¿Entrará este viaje en la lista de los desaciertos?
Esta percepción, que es la que maneja el gobierno de puertas adentro, pone el acento en la responsabilidad de los funcionarios de Washington en aconsejarlo mal a Bush. Si le hubieran dicho que el ALCA estaba lejos de ser aprobado, dicen los entornistas de Kirchner, no se hubiera comportado como lo hizo, que fue como si esperase que de la cumbre de Mar del Plata iba a avanzar significativamente el nuevo sistema. A partir de esto es cómo el viaje de ayer de Kirchner lo trató ayer el gobierno de limitar a una agenda de negocios que hacía necesaria la presencia del presidente en Venezuela.
Desde aquel país la percepción es diferente, algo que es esperable ocurra también en Washington. Ayer
La idea que trasmite el gobierno sobre esta nueva aventura chavista de Kirchner es que se trata de aprovechar oportunidades como la compra de bonos -alrededor de u$s 300 millones antes de fin de año-, la radicación de inversiones de varios grupos como Pescarmona, INVAP y Cartellone, ser pioneros en la industria de los ascensores y el soñado anillo energético.
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