Ni el ingenio verbal, tampoco la riqueza lexicológica destacaron a Néstor Kirchner durante su gestión. Sin embargo, ayer introdujo en su discurso por primera vez, y en dos ocasiones, la inusual palabra «corifeo». Desgraciadamente, aplicó mal el término. «He visto un corifeo de analistas de las escuelas económicas ortodoxas explicándonos cuándo pueden subir las tasas», dijo primero. Y poco después: «Cuando veía el corifeo de las distintas escuelas...». Debieron advertirle: el «corifeo» no es el coro sino quien lo guía, no es un conjunto sino una única persona. No son todas las voces sino el portavoz. Ni aun cuando se emplee la palabra en sentido irónico, como lo hizo Kirchner, se logrará el milagro de multiplicar los corifeos en coro.
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