Aunque todavía no existe una declaración oficial que anuncie lo decidido, todo el mundo sabe que a Horacio Rosatti le tocará representar al PJ en las elecciones de diputados de la provincia de Santa Fe. También es conocido que no lo sucederá en el Ministerio de Justicia uno de los candidatos a hacerlo, el fiscal y ex interventor en Santiago del Estero, Pablo Lanusse, para quien Néstor Kirchner tiene reservado un lugar en la lista de candidatos a diputado de la Capital Federal. La novedad es que Kirchner ya tiene prácticamente decidido quién será su próximo ministro de Justicia: el actual secretario de Seguridad, Alberto Iribarne.
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La promoción de Iribarne a la cartera que hoy ocupa Rosatti es un avance de Alberto Fernández en la estructura del gabinete nacional. En la asignación de materias de gobierno a distintos funcionarios, las cuestiones judiciales tienen dos «terminales»: el jefe de Gabinete para el orden (más o menos) visible y Carlos Zannini para el invisible. Fernández coordina políticamente un circuito que integran, entre otros, el procurador general Esteban «Bebe» Righi y la ministra de la Corte Helena Highton de Nolasco.
Iribarne pertenece a esta galaxia, sobre todo en su vieja condición de «hacedor de peronistas». En efecto, el partido fundado por Juan Perón le debe la iniciación de sus filas de varios «próceres»: desde Carlos Corach, a quien corrió el velo de las 20 verdades cuando el entonces adjunto de Jorge Vanossi y Alberto Spota militaba en el desarrollismo, hasta Carlos Chacho Alvarez, a quien Iribarne también le enseñó a cantar la marcha «Los muchachos peronistas». Alberto Fernández le reconoce también esta función virgiliana y por eso lo puso a su diestra como vicepresidente del PJ Capital.
Pero para encuadrar políticamente al nuevo ministro, no habría que olvidar otro vínculo, acaso más antiguo: Iribarne es acaso el dirigente que más consecuentemente ha expresado a Eduardo Duhalde en el distrito metropolitano. Aun en los tiempos en que las relaciones entre el poder central y la política bonaerense eran más turbulentas -bajo el imperio Menem, no confundir con la era actual-, el actual secretario de Seguridad comulgaba con Duhalde y ponía ese canal al servicio de sus jefes de entonces. Estos eran Carlos Ruckauf y Corach: ambos lo tuvieron como viceministro en la cartera de Interior. Tuvo en estas funciones comportamientos altruistas, como haberse hecho cargo de enfrentar a la prensa cuando se produjo el atentado contra la AMIA y quien era titular del Ministerio, se encontraba en Orlando. La relación con el caudillo de Lomas llevó a Iribarne, más tarde, a la Casa de la Moneda y a la Secretaría de Seguridad, durante la anterior administraciónjusticialista. Allí lo encontró Kirchner, quien por consejo de Fernández lo destinó a la Sindicatura General de la Nación, oficina en la que convivió, en calidad de jefe, con la esposa de Julio De Vido, Alessandra Minicelli.
• Festejo
El ascenso de Iribarne consuma un proceso inevitable: su alejamiento del área de Seguridad, donde recaló cuando la política para esta área estalló en manos de Gustavo Béliz. El futuro ministro festejó el retorno a esa oficina pero dejó de hacerlo cuando ésta comenzó a depender de Aníbal Fernández, quien se encargó personalmente del tema. Ahora, la designación en Justicia es una pequeña revancha sobre Aníbal, quien candidateaba a Joaquín Da Rocha para esa cartera. Da Rocha es el representante del Ejecutivo en el Consejo de la Magistratura.
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