La Izquierda Unida, fracción que acoge lo que fue en su hora el Partido Comunista, cree ver bajo el agua y adivinar los signos de los tiempos. Embalados como tantos de aquí y de allá por el triunfo de Lula Da Silva en Brasil, estos izquierdistas quieren beneficiarse de lo que creen es una moda que les permitirá mayor gravitación política. Triste que lo que los maestros del marxismo creyeron vendría por la fatalidad de la dialéctica de la historia los comunistas criollos lo atribuyan a una moda, además brasileña. Veamos los argumentos de un columnista del periódico partidario "Alternativa".
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Más allá de la valoración que hagamos de la política de Lula en el gobierno, la elección del PT es de una importancia histórica en América latina. Sobre todo por el enorme apoyo popular que recibió con sus más de 50 millones de votos. Ese es el sueño de los candidatos de los viejos partidos en la Argentina. Por eso Carrió dice que ella es Lula, por eso Duhalde, De la Sota, Kirchner y Rodríguez Saá se deshacen en elogios para el PT, por eso hasta Menem y López Murphy reivindican al obrero presidente. Sueñan con, aunque sea, una pequeña parte de ese respaldo. Pero es un sueño imposible. Porque lo que domina en nuestro país es el repudio a todos los que ya gobernaron y ellos, todos, ya lo hicieron.
Para dar una pelea que la mayoría absoluta de la población ve que es imprescindible dar: la pelea por el gobierno, también en el terreno de las elecciones. Por eso es que también se ve y se palpa que baja el abstencionismo. Es que los sectores populares que quieren seguir luchando también quieren tener una herramienta política. El MST e Izquierda Unida asumen el desafío de pelear por construir esa nueva alternativa.
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