¿Kirchner ahora contra placas en los cuarteles?

Política

El mutismo de Néstor Kirchner en la elaboración de lo que será uno de sus más emblemáticos discursos públicos desde que llegó al poder: el 24 de marzo próximo, cuando se conmemoren 30 años del golpe de Estado de 1976, ha generado nerviosismo en la filas del Ejército y en la sede del Ministerio de Defensa. Los dos habitantes del edificio Libertador, la ministra Nilda Garré y el teniente general Roberto Bendini, quedaron fuera de la planificación que la Casa Rosada lleva adelante para recordar la fecha.

El vacío informativo alentó especulaciones en esos despachos acerca de un nuevo golpe de efecto de Kirchner como el que protagonizó en el aniversario 28º, cuando ordenó a Bendini, en el Colegio Militar, descolgar los cuadros de los generales Rafael Videla y Benito Bignone, ambos ex directores de ese instituto de formación castrense. El clima de autocrítica reforzada del almirante Jorge Godoy, del brigadier Eduardo Schiaffino y la de Bendini ayer en Granaderos, arrima más convencimiento de que puede haber algo más en preparación.

Algunos creen que el Presidente piensa ordenar el retiro de las placas de todos los que fueron jefes del Ejército y están imputados en violaciones a los derechos humanos como parte de la liturgia del Presidente para recordar el comienzo de la dictadura militar.

• Jefes de la fuerza

En el hall central del edificio Libertador, en pequeñas placas de bronce, está la lista completa de todos los generales que ocuparon la jefatura del Ejército, entre ellos el ya «descolgado» Videla, además de Leopoldo Fortunato Galtieri y Cristino Nicolaides. Una patrulla verde oliva observó ya los muros anticipándose a la orden, por si hay problemas en la remoción de los tornillos de sujeción.

Se llegó a este extremo luego de que Defensa conoció el único dato seguro del homenaje presidencial: la inauguración de sendas placas recordatorias en los edificios: Libertador (Ejército), Cóndor (Fuerza Aérea) y Libertad (Armada) con la fecha de inicio de la dictadura y una frase alusiva a «la
memoria, la justicia y la libertad».

En una suerte de confrontación silenciosa, desde otra pared contigua en el hall del Libertador quedará otra frase anterior a la que estrenará Kirchner: «Ellos murieron para que la Patria viva». La consigna corresponde a un homenaje que realizó el Ejército durante el gobierno militar a casi un centenar de uniformados asesinados por los guerrilleros en la década del setenta y los que cayeron en La Tablada, cuyos nombres se leen en letras importantes.

Esa escenografía -una guerra involuntaria de placas de bronce- parece la cristalización de la historia de los dos bandos en pugna. ¿Ordenará
Kirchner sacar también a los caídos en combate contra la guerrilla? La angustia anida en la cúpula del Ejército. Saben que el temor reverencial de Nilda Garré a Kirchner impedirá la más mínima defensa para que sobreviva aquella conmemoración. Las estructuras de ceremonial de Defensa, del Ejército y del Estado Mayor Conjunto están en nerviosa vigilia: esperan que toque al otro el rol de asistir la realización del acto central en el Libertador.

Aunque nadie lo reconozca, se crisparon los ánimos por una panfleteada que inundó las escalinatas y oficinas en el Ministerio. Los autores anónimos diagramaron fotos de los asesinatos cometidos por Montoneros del dirigente sindical
José Rucci, del mayor Argentino del Valle Larrabure, del ex ministro del Interior Arturo Mor Roig y en otros atentados, como el de Coordinación Federal. El panfleto enrostra a los políticos de ayer y de hoy y a la Justicia su incapacidad para reconocer culpas del pasado violento.

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