Con la velocidad de un rayo, casi como una característica, ayer el Presidente le solicitó la renuncia al procurador del Tesoro de la Nación, Carlos Alberto Sánchez Herrera, hace pocos días designado por el mismo mandatario. Respondía así Néstor Kirchner a una nota del diario «Página/ l2», medio que el mismo día señaló que Sánchez Herrera era defensor del general Juan Bautista Sassian, ex jefe de Policía durante el Proceso Militar. Para cerrar el caso, el vocero de la Casa Rosada, Miguel Núñez, explicó que «es un principio ético de este gobierno que, nadie que haya tenido vinculación con el Proceso Militar, ahora desempeñe cargos en el Estado».
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Aunque el episodio no es menor por la importancia del cargo y las personas involucradas, más complicado se vuelve si se atienden otras alternativas no difundidas:
• El abogado Sánchez Herrera, al margen de defensor de Sassian, es hijo del general Carlos Sánchez, ex comandante del Cuerpo II, quien fue acribillado por la guerrilla en l972, en Rosario, cuando bajaba de su automóvil, frente a un kiosco de diarios y revistas. El atentado también tuvo otras dos víctimas: el kiosquero y su esposa.
Nunca, como es natural, Sánchez Herrera se desentendió de ese episodio, ni de otros en que participaron militares. Esto ha sido medianamente público y no impidió que, desde hace por lo menos l5 años, Sánchez Herrera fuera uno de los abogados de la provincia de Santa Cruz, gobernada siempre por Kirchner, quien entre otras virtudes le reconocía su versación sobre cuestiones petroleras. Para nominarlo ahora como procurador del Tesoro, al igual que en la mayoría de las designaciones, el Presidente debe haber evaluado la confianza, el conocimiento y las prestaciones que este profesional le brindó en tanto tiempo de gestión conjunta.
• Aunque a nadie le consta que Sánchez Herrera haya participado en el Proceso Militar -como sí dijo el vocero presidencial-, la otra inquietud que genera el despido del poco duradero procurador es el mínimo derecho de defensa que le correspondió. Porque, más allá de las afinidades que podrían existir entre el abogado y su defendido Sassian, ¿cual es la responsabilidad que le cabe al letrado con quien es imputado? Simplemente, en todo caso, cumple un servicio profesional, contratado o no. No es algo que ignore Kirchner o, acaso en su época, cuando se ganaba la vida con la profesión, tuvo siempre la fortuna de pleitear sólo por causas justas, por inocentes e impolutos. Aparte de la inspiración política que domina muchos actos, resulta al menos controversial que todavía se confunda a un abogado con su defendido. Tan peligroso como suponer que dos personas son iguales por tener el mismo abogado.
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