Kirchner empleó todo para el voto final
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Ocurrencias tucumanas de último momento. Un grupo de activistas del kirchnerismo se
disfrazó de pingüinos para presionar por el voto a favor de las retenciones.
En persona, la Presidente siguió en detalle esas conversaciones. Se vio, aseguran, con Alicia Saadi. Mantuvo, además, contacto con el jefe del bloque del FpV, Miguel Pichetto, y con José Pampuro. Con Julio Cobos, el vicepresidente, habló Fernández.
En el ruido, hubo mensajes de pacificación hacia el mendocino. «Jamás se dudó de cómo iba a votar Cobos si tenía que votar. Iba a apoyar el proyecto oficial», se explicó. Era, a esa hora, ya de noche, una teoría contrafáctica: no se requería el voto del vice.
Para entonces, Saadi ya había anticipado en el recinto su voto positivo, y fuera del Congreso comenzaba el festejo de los kirchneristas. A la celebración se sumó Hugo Moyano, rodeado de camioneros, y más tarde apareció la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner.
Se especuló con el arribo de Kirchner. Pero el ex presidente, según se informó anoche en Balcarce 50, permaneció todo el día en la residencia de Olivos. Pasadas las 21, Cristina de Kirchner dejó la Casa Rosada y se dirigió a la quinta presidencial.
A las 15.45, la Presidente llegó a la Casa de Gobierno y se encerró en su despacho. Dialogó con ministros, estuvo en permanente contacto con Kirchner y cruzó llamados con senadores del oficialismo.
Un episodio la distrajo, por un rato, del escarceo en el Congreso: el embajador argentino en Washington, Héctor Timerman, junto con Estela de Carlotto, la visitaron en su despacho para festejar una sanción dispuesta pero por otro parlamento.
En EE.UU., por ley, se desclasificaron archivos de inteligencia sobre la violación de derechos humanos en la dictadura. En concreto, son informes sobre el Plan Cóndor y la apropiación de menores. Del anuncio participaron dos recuperados: Juan Cabandié y Victoria Donda.
La renuncia del vicegobernador de Tierra del Fuego, Carlos Basanetti, agregó otro desvelo. Se leyó como un castigo al voto de Martínez, pero, en esencia, implica una impugnación grave al modo con que la Casa Rosada trata, o destrata, a las provincias.
La prioridad era, claro, el debate en el Senado que se demoraba y postergaba la votación para pasada la medianoche. La intriga evitó que se detengan a analizar el día después. Todo, en ese aspecto, es incierto: sobre todo la reacción de los chacareros y su posible retorno a las rutas.
«No tienen margen: no les queda otra que aceptar la votación y después que vayan a la Corte», se autoconvencía, anoche, un funcionario. Todo el día, sin embargo, los dirigentes rurales insistieron con que seguirían con la protesta, pero sin detallar cómo ni cuándo.




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