Kirchner exaltado ayer frente a militantes, pero no atacó al FMI
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«Los responsables ideológicos de los 170 mil millones de deuda externa, ahora nos vienen a decir qué tenemos que hacer», apuntó Kirchner, que durante los 35 minutos de discurso no mencionó una sola vez al FMI. Apenas 48 horas atrás, eso hubiese sido inconcebible.
Al pie del escenario aplaudía el elenco de ministros a pleno -sólo faltaron Roberto Lavagna, Rafael Bielsa y Aníbal Fernández, los dos últimos de viaje por Europa-y un puñado de gobernadores peronistas: el bonaerense Felipe Solá, el misionero Carlos Rovira y el santacruceño Sergio Acevedo.
Luego, genérico, aportó: «No hay que hacer oficialismo a ultranza ni oposición por la oposición misma sólo para salir en los diarios».Y pidió a sus rivales que dejen de «jugar a la política corta» y trabajen para « escribir la historia grande de la Argentina».
Antes de inflamar su garganta con esas frases, Kirchner matizó su discurso con referencias nostálgicas. Arrancó, de hecho, recordando el triunfo presidencial de Héctor «Tío» Cámpora en 1973, elección en la que -dijofue fiscal.
Con el mismo tono, citó a los «compañeros que no están» y habló del «presente doliente de 30 mil argentinos que fueron desaparecidos por pensar diferente». Fueron los momentos en que estalló, con más fuerza, el predio.
Sobre el final, retomó la línea. «Quiero acordarme de los jóvenes radicales del '73, de los jóvenes de la alianza del doctor Alende, de la Democracia Cristiana, de los partidos de izquierda, del justicialismo, que creían que se podía hacer un país distinto. Nosotros creemos y lo vamos a hacer.»
Con mutaciones y variantes, en aquellos años está la raíz de la transversalidad que tres décadas después quiere construir Kirchner y que ayer presentó en sociedad en Parque Norte, juntando ex frepasistas -como Eduardo Sigal y Aldo San Pedro-con peronistas del conurbano, todo sobre una base de setentismo.
Se codearon en el palco VIP el metalúrgico Hugo Curto con el cura Luis Farinello, el porteño Miguel Bonasso con Baldomero «Cacho» Alvarez, y el jujeño Eduardo Fellner y el chubutense Mario Das Neves con Teresa Solá y los ministros Ginés González García y Julio De Vido, que presentó a una guardia pretoriana presidencial: los Guardianes de la Democracia, que capitanea el ceteísta Edgardo Depretis.
También aparecieron el matancero Alberto Balestrini, Alberto Descalzo de Ituzaingó, Sergio Villordo de Quilmes y Julio Pereyra de Florencio Varela, como emisarios del PJ bonaerense, que, mientras Eduardo Duhalde descansaba en Lomas de Zamora, se persignó ante Kirchner.
No todo fue sintonía: antes que llegue Kirchner, que tuvo que tomar un camino reservado cruzando el complejo Tierra Santa, un grupo de piqueteros de Luis D'Elía se enfrentó a golpes a camioneros de Hugo Moyano: anoche, la Policía confirmó que había 4 heridos.
Ajeno a ese incidente, Kirchner llamó a las «personas de todas las ideas» a colaborar con su gobierno para construir «la convivencia» y «lograr una Argentina que crezca y avance», al margen de las «cúpulas políticas».
Fue, en cierto sentido, un reto a los justicialistas que apenas subió al escenario lo recibieron cantando la «Marcha peronista». Durante los tres minutos que duró la tonada, que copó casi todo el salón, Kirchner se mantuvo en silencio. Casi profanatorio viniendo de un peronista.
Hubo otro mensaje: «Esta diversidad y pluralidad que se ha generado aquí no viene a consolidar el liderazgo de nadie, sino la presencia de argentinos que quieren tener un rol protagónico en la conducción de la nueva Argentina».



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