26 de mayo 2003 - 00:00

Kirchner juró su cargo en el Congreso

Línea de damas en uno de los palcos bajos ayer en la jura presidencial en el Congreso. Florencia Kirchner (hija del Presidente); la directiva de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, le toma la mano a la madre de Néstor Kirchner, María Ostroich. Mirada distante de Karina Rabollini de Scioli, En la primera línea, los voceros de Eduardo Duhalde, Luis Verdi y Carlos Ben.
Línea de damas en uno de los palcos bajos ayer en la jura presidencial en el Congreso. Florencia Kirchner (hija del Presidente); la directiva de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, le toma la mano a la madre de Néstor Kirchner, María Ostroich. Mirada distante de Karina Rabollini de Scioli, En la primera línea, los voceros de Eduardo Duhalde, Luis Verdi y Carlos Ben.
La asunción y jura de Néstor Kirchner y Daniel Scioli como presidente y vice de la Nación se realizó ayer con un procedimiento inédito: por un lado, el mandatario saliente traspasó la banda en el mismo Congreso en lugar de hacerlo en la Casa de Gobierno como es tradición; por el otro, debió aplicarse la Ley de Acefalía, ya que Eduardo Duhalde tenía mandato originalmente hasta el 10 de diciembre y no hasta el 25 de mayo. Razón por la cual, Kirchner y Scioli tendrán mandato en cumplimiento de esa ley hasta diciembre de 2007 con un plus de seis meses que dejó inconclusos el bonaerense.

La sesión de ayer de la Asamblea Legislativa comenzó sin sobresaltos, aunque el viernes por la tarde los justicialistas habían alertado sobre la falta de legisladores en la capital.

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El bastón tuvo protagonismo hasta el final. Cuando se iban los Kirchner del Congreso se dieron cuenta de que el Presidente se había olvidado el bastón sobre el estrado.

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En el comedor de la presidencia de Diputados, Duhalde agasajó desde las 13 a los jefes de Estado extranjeros, mientras se preparaban las asambleas legislativas, una de proclamación de la fórmula ganadora -que se inició pasadas las 14 y duró unos pocos minutosy otra de asunción del presidente y el vice. Por supuesto, Fidel Castro y, en menor medida, Hugo Chávez y Luiz Inácio Lula Da Silva concentraron la atención de los comensales Alvaro Uribe (Colombia), Lucio Gutiérrez (Ecuador), Jorge Batlle (Uruguay), Alejandro Toledo (Perú), Ricardo Lagos (Chile). Medallón de lomo con verduras asadas y una selección de dulces criollos integraron el menú, regado con vinos Rutini Trumpeter Chardonnay y Trapiche Medalla y café. La carta estuvo ilustrada por el óleo sobre tela «Libro en blanco», del pintor Emilio Pettoruti, perteneciente a la colección de la Cancillería argentina.

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Camaño, que prestó sus dependencias, tuvo que comer una picada en otro sector del Congreso. José Luis Gioja, quien encabezó la asamblea de proclamación por ser el presidente provisional del Senado, pudo hacerse una escapada durante el almuerzo para disfrutar de una picada de quesos y fiambres en su oficina, previo paso por el toilette para repasarse la cara con afeitadora eléctrica. «Es que estoy levantado desde las 5 de la mañana», se justificó el sanjuanino que acompañó las últimas horas de Duhalde en la Presidencia desde la Diana de Gloria en la Quinta de Olivos.


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Uno de los detalles protocolares que debió cuidar la organización fue evitar demasiada cercanía entre Castro y el uruguayo Batlle, contradictor de la política cubana. Durante la comida que se sirvió «chez» Camaño, estuvieron a prudente distancia uno del otro. En el palco, por una cuestión de dimensiones, no hubo demasiado espacio. La solución pasó por ubicar al dictador cubano detrás de Batlle.

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A las 14.40, Kirchner fue recibido por una multitud de duhaldistas (o ex duhaldistas) que lo esperaban en la Plaza de los 2 Congresos. En los micros, ubicados a varias cuadras de distancia (varios de ellos estacionaron en la avenida San Juan), llegaron comitivas bonaerenses, sobre todo, del conurbano. Alberto Balestrini, de La Matanza, se aseguró una pancarta de 10 metros de largo justo frente a la explanada.


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Karina Rabollini demostró su buen gusto: se calzó un ajustado, pero austero atuendo de casaca y falda en gris. Ingresó en la Asamblea unos minutos después que Daniel Scioli, junto con familiares de ambos.

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Cristina Kirchner sorprendió cuando ingresó en el recinto de sesiones luciendo el traje de saco y polera color crema que vistió durante todo el día. Los legisladores estaban acostumbrados a verla con sus característicos equipos de chaqueta pantalón. La primera dama entró en el recinto unos minutos antes que su marido ingresara en la Asamblea Legislativa y ocupó el lugar que le habían reservado: una silla en medio del recinto rodeada de un grupo de senadores. No estuvo contenta con la ubicación y pidió cambio. Hubo un enroque, y la senadora se sentó más atrás, en una de las bancas del recinto.

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Para trasladar a ministros que continuaban o que asumían y a gobernadores desde el Congreso hasta la Casa de Gobierno (donde juró el gabinete), estacionaron sendas combis sobre la calle Hipólito Yrigoyen, a la salida del Senado, en contramano. En el vehículo reservado para los mandatarios provinciales confraternizaron, por ejemplo, el frepasista Aníbal Ibarra y el menemista Rubén Marín en butacas vecinas, rodeados de peronistas como Gildo Insfrán (Formosa), Eduardo Fellner (Jujuy), José Manuel de la Sota (Córdoba), Carlos Manfredotti (Tierra del Fuego) y, entre otros, Carlos Reutemann (Santa Fe), acompañado por la diputada María del Carmen Alarcón.

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El sábado por la tarde, algunos miembros del nuevo gabinete se dedicaron al cuidado de su imagen personal. La mayoría eligió la peluquería de Roberto Giordano en la calle Güemes. El primero en llegar fue Alberto Fernández, nuevo jefe de Gabinete, acompañado de su hijo. Lo siguió el nuevo Señor 5, Sergio Acevedo encargado de la SIDE. Y una hora después, tenía turno reservado Aníbal Fernández.


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Mauricio Macri consiguió un lugar de privilegio ayer en el recinto de Diputados a través de su amigo Eduardo Rollano. En realidad, a Macri, por protocolo, le hubiera correspondido una invitación común en los palcos altos.

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Cuando se tomó un descanso, el personal femenino que escoltó a presidentes extranjeros durante la estancia en el país hizo un resumen de la tarea que le había tocado con cada mandatario.Algunas policías de la Federal comentaban que la panameña Mireya Moscoso fue la más sencilla y amable. Se dedicó a pasear, compró alhajas, artículos de cuero, entre ellos, una cartera de quirquincho y zapatos. De Lula Da Silva, el personal de seguridad comentaba que fue exageradamente amable, al punto de ceder el paso a sus custodias mujeres.


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«¿Te venís a Montevideo?», le preguntó ayer Jorge Batlle a Eduardo Duhalde. «Sí, voy a ir a la casa de Puerta», le contestó el ahora ex presidente. «Sí, tiene una casa preciosa a una cuadra de la playa», le retrucó el uruguayo. Se refería el presidente oriental a la residencia que tiene Puerta en Carrasco. Anoche, Duhalde partió en el avión de Lula a Brasil para comenzar sus vacaciones que luego continuarán en España.

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